Afterglow

¿Estarías dispuesto a abrir tu pareja? Este es el detonante de Afterglow, una obra que aborda lo más profundo de una relación de pareja desde la explosión sexual, hasta las consecuencias que conlleva esta decisión. Alex y Josh son una pareja casada cuya relación se cimenta en la confianza y la sinceridad. Esto les permite conocer sexualmente a otras personas para dar chispa a una relación larga y estable, pero hay sentimientos incontrolables que hacen tambalear esos cimientos. Darius es el tercero en discordia, la pieza que completa el puzzle colándose en la cama de esta pareja para dar rienda a esos instintos dejando un rastro de deseo, soledad, miedos y anhelos.

Cartel de Gonza Gallego

S. Asher Gelman firma un texto de una precisión sentimental directa y descarnada. Un arranque directo con escenas de sexo de una naturalidad que el público agradece, abre la puerta a las demás capas en las que el autor profundiza. Poco a poco veremos la parte más íntima de esta pareja y cómo la llegada de Darius les pone entre las cuerdas. Con el foco en la cama como lugar común, Afterglow va adentrándose en terrenos menos superficiales, en lo desbocado e imprevisible que es el amor. Así, los miedos, la paternidad, el deseo, la forma de entender las relaciones en nuestro tiempo, la situación laboral, la pérdida de la ilusión, la eterna pregunta de cómo hemos llegado hasta aquí, se presentan ante un público que asiste a un conflicto que le va a resultar más cercana de lo que parece.

Pedro Casas se pone al frente de la dirección de este montaje y lo hace con maestría. Con grandes dosis de sensibilidad, conduce a espectadores y a actores por un viaje emocional del que es imposible escapar. Especial cuidado y atención ha prestado al cuerpo, contenedor de la historia y por supuesto, de todo lo anterior.

Dan vida a este trío los actores Christian Escuredo, Andrés Acevedo y Jorge Vidal; fantásticos todos. Enorme el ejercicio de verdad y de añadir capas a los personajes el que realizan estos intérpretes. Los tres muestran un arco maravilloso que culmina con el peso que supone la toma de decisiones. Por otro lado, realizan un acto generoso para el espectador al entregarse literalmente en cuerpo y alma afrontando el reto que exige el texto. En una historia tan carnal como la que se nos presenta, es imprescindible que la conexión entre ellos sea palpable para el respetable, y hay que decir que derriban este muro con creces.

Fotografía de Gonza Gallego

Fotografía de Gonza Gallego

Para conocer un poco más sobre el montaje, hemos hablado con los productores de la obra, Carlos Martín y Diego Rebollo, que nos han contado algunos detalles y curiosidades. “Diego lo conoció en Broadway y posteriormente la vimos juntos en un viaje a Londres que hicimos los dos. Nos pusimos en contacto con la productora y, aunque al principio pasaron de nosotros, al final nos hicieron caso. El año pasado fuimos a Nueva York y nos reunimos con el autor y la productora y todo comenzó a fluir muy bien”, comentan sobre cómo descubrieron la obra. Inevitablemente, queríamos saber como fue el proceso de casting de este proyecto: “El casting inicial fue el 13 de marzo a las 15h, una hora después se anunció el estado de alarma y pasó a ser online, no fue hasta septiembre que lo retomamos. Jorge Vidal es el único que estaba en el primer casting. Christian y Andrés lo hicieron juntos el último día. Era muy importante lo hicieran también por parejas para comprobar cómo funcionaban. La verdad es que nos convenció mucho este trío“.

Sin estrenar todavía el montaje, ya habían agotado casi todas las funciones de marzo, por lo que es inevitable saber si se esperaban este éxito. “Sabíamos que podía funcionar porque tenemos un target muy definido, pero queríamos buscar otros públicos. Al fin y al cabo es una historia universal, no sólo de una pareja gay, y hemos conseguido atraer a otros públicos y eso nos ha sorprendido”.

La obra es una adaptación de un montaje que ya ha triunfado en el Off de Broadway y en Londres, por lo que supone un reto adaptar. Al respecto, los productores nos cuentan que “en un principio, barajamos la posibilidad de adaptar la ubicación, pero había muchas cuestiones que se escapaban. No terminábamos de ver sustituir Trento por un pueblo de la España rural vaciada. Además, creemos que Manhattan tenía un significado especial para los personajes y no encontrábamos un paralelo español que nos funcionase, por lo que decidimos mantener Nueva York”.

Fotografía de Gonza Gallego

“Otro tema que considerábamos sensible al adaptarla en España era el de la gestación subrogada, en la obra original se da con absoluta normalidad y quisimos resolverlo dejando la pregunta en el aire. Nos gusta mucho cómo ha quedado ese tema y los interrogantes que ahora se plantean. Respecto a la producciones de otros países, los cambios vienen dados especialmente en las transiciones, que venían muy marcadas en el texto original y dimos bastante libertad a Pedro, el director, que ha creado una maravilla. En general, la adaptación española se sitúa un espacio algo más metafórico que la original. Además, en España estamos en un espacio fantástico como Nave 73, pero es una sala multiprogramación y teníamos unas necesidades escenográficas que no existían en Broadway ni en Londres, donde la escenografía era permanente”.

Para terminar nos comentan que “necesitamos más teatros en Madrid. Es un drama cada vez que cierra una sala. Nos ha costado mucho encontrar un espacio que se adapte a lo que necesita Afterglow: intimidad y cercanía”

Si te hemos convencido, puedes ver Afterglow todos los viernes y sábados de marzo en Nave 73. Como sabemos que están casi todas las entradas agotadas, os avanzamos que seguirán durante el mes de abril.