Mirona, observando el mundo desde los tejados

¿Quién no ha soñado alguna vez con volverse invisible y observar el mundo desde las alturas? Ver cuanto acontece desde fuera, sin participar en ello, sin ser juzgado, es una sensación que el ser humano ha querido experimentar a lo largo de su historia. Este es el punto de partida de Mirona, un monólogo que transita entre el humor y la reflexión en los Teatros Luchana.

Dolores es una mujer solitaria a la que le gusta subirse al tejado del edificio en el que vive para, desde allí, convertirse en espectadora del mundo que la rodea. Allí arriba, en soledad, ha creado su hogar, un lugar en el que se siente segura y en el que conversa consigo misma, lejos de una sociedad en la que no encaja. Un día cualquiera, cuando el sol está a punto de ponerse y comienzan a encenderse las primeras luces de los edificios, recibe la inesperada visita de Paqui, una mosca a la que acaba de bautizar y con la que conversa largo y tendido sobre su peculiar planteamiento de vida.

Paco Bernal escribe un delicioso texto que navega entre la comedia y el drama como pez en el agua. Lleno de hermosas figuras que llevan al respetable a los lugares por lo que transita la complicada mente de su protagonista, Mirona conjuga a la perfección el lenguaje poético con lo terrenal. Si el teatro es ver lo que ocurre detrás de la mirilla, Bernal obliga al público a imaginarse el mundo detrás de los prismáticos de Dolores. Reflexiona así sobre una sociedad que tiende al individualismo y los dramas cotidianos – llevados en silencio- de ésta: la soledad en la vejez, el maltrato, el miedo a formar parte de un grupo, las relaciones impersonales fruto de las nuevas tecnologías o al sentimiento de no adaptación.

Juan Vinuesa, encargado de la dirección, eleva el trabajo dramatúrgico e interpretativo dotándolo del ritmo perfecto y las capas exactas. Llama la atención en este sentido la creación de dos mundos diferenciados: el que se ve, y el que se ha de imaginar.

Pone su alma al servicio de este monólogo la actriz Ángela Chica. Absolutamente brillante resulta su trabajo, lleno de matices entre lo lírico y lo naturalista. Con un dificilísimo texto, Ángela dibuja un personaje que oculta más que cuenta, que desgrana miedos en pequeñas píldoras, y lo hace con mesura, sin histrionismos, y sobre todo, con grandes dosis de ternura y fuerza.

Llama la atención también la cuidada escenografía de Ícaro Maiterena y el diseño de iluminación de Pedro Yagüe y Braulio Blanca, que vienen a confirmar que hay margen para la calidad y la elegancia en montajes más pequeños.

Mirona es, en definitiva, una propuesta con el perfecto equilibrio entre texto, dirección, interpretación y puesta en escena. Elementos que dan lugar a un gran trabajo.

Mirona puede verse en los Teatros Luchana los domingos de diciembre a las 20:00h y el miércoles 2 de enero a las 20:00h.

 

 

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