Sólo creo en el fuego

Sólo creo en el fuego es el primer montaje de “Los prometidos”. Con este singular nombre, Ángela Palacios y Carlos Martín-Peñasco crean en 2016 la compañía en la que ambos comparten labores de interpretación, dirección y dramaturgia. La obra pudo disfrutarse el pasado año en la Sala Badabadoc de Barcelona donde encandiló a crítica y público, saltando a la capital el pasado mes de mayo a la Sala El Umbral de Primavera y prorrogando en junio debido a la estupenda acogida entre los madrileños.

La historia es un juego de espejos que toma textos de los escritores y amantes Anaïs Nin y Henry Miller (los diarios de ella, las novelas de él y, sobre todo, la correspondencia entre ambos durante veinte años) para hacerlos colapsar con la autobiografía, los sueños y complejos de Ángela y Carlos, los creadores de la obra. Desde una aproximación metateatral, la obra es un delirante viaje de saltos espacio-temporales que nos llevan a explorar la vocación, los límites morales del creador y la autobiografía como canal artístico a través de estos dos personajes que hicieron del arte su forma de vida.

Ángela y Carlos dibujan en 75 minutos la compleja y tormentosa relación entre Miller y Nin, y para ello han realizado una laboriosa labor dramatúrgica, confeccionando un texto cuyas palabras son dardos lanzados entre una pareja que dinamita una relación que va más allá del amor. Sus protagonistas indagan sobre la relación entre el artista y su obra, concretamente acerca de la creación autobiográfica. ¿Tiene derecho el autor a desvelar una vida en la que otros intervienen sin preguntarles? ¿Está preparado para asumir las consecuencias o debe maquillar la realidad para evitar que éstas sean desagradables? Todo ello abriendo un debate sobre la calidad de ambos como autores, las relaciones de Miller, la toxicidad de los amantes, etc.

El texto levita entre lo poético y lo descarnado, así como el complejo trabajo de sus actores. A través de una coreografía de luces y sombras, de cartas que se lleva el viento, van creando bellas imágenes que trasladan al respetable no solamente al París de los años veinte y treinta, sino a la intimidad de dos cuerpos que se escupen amor y rencor a través de los años.

En varias ocasiones, sus personajes se desdoblan en actriz y actor, en creadores del espectáculo que estamos viendo. Recurso dramático que, además de aligerar la intensidad del montaje, viene a poner de manifiesto el devenir de las relaciones de pareja en ambas épocas.

Sólo creo en el fuego es un interesante trabajo de creación en escena, de indagación en la figura de Miller y Nin, de reflexión sobre los procesos creativos y cuándo hay del artista en su obra. Después de verla, será inevitable googlear sobre la vida y obra de estos amantes.

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