Alberto Conejero: “Ojalá rompiéramos las lógicas binarias en las artes escénicas”

Si hay un dramaturgo que ha hecho de la conjugación de poesía y teatro contemporáneo un arte, ése es Alberto ConejeroEl autor jienense, reconocido con premios como el Max o Ceres, compagina la escritura de sus textos con su trabajo como docente, algo que confiesa que también le apasiona.

Alberto es la prueba fehaciente de aquello que se dice en esta profesión sobre las temporadas en que todos los proyectos salen a la luz a la vez. Resumiendo, tiene entre manos el estreno de La piedra oscura en Caracas, una adaptación de Medea junto a Lluís Pasqual y un montaje de danza sobre “Electra” para Mérida. Además, prepara la puesta en escena de “La geometría del trigo” en la que por primera vez dirigirá, acaba de poner dramaturgia a la gira “Enlorquecido” de Miguel Poveda y se encuentra inmerso en la reescritura de “El otro” de Unamuno.

Aprovechando que recientemente publica varios de sus textos – “Los días de la nieve” (Ediciones Antígona) y la mencionada “La geometría del trigo” (Editorial Dos Bigotes) -, y que en estos días Madrid celebra la 77ª edición de la Feria del Libro, charlamos con Alberto Conejero sobre todos sus proyectos y, en definitiva, sobre teatro, su gran pasión.

“La piedra oscura” se ha convertido en tu texto más universal, su última puesta en escena acaba de tener lugar en Caracas. ¿Qué sientes al ver que se ha convertido en un clásico contemporáneo? ¿En cuántos países se ha estrenado la obra?

No me atrevería a decir que se trata de un clásico contemporáneo. Hace falta la perspectiva que solo el tiempo da. Pero el presente está siendo muy generoso con esta obra. Se ha estrenado en Uruguay, Paraguay, Perú, Venezuela, México, Colombia, Reino Unido, Rusia y Grecia, y se está preparando el montaje en Costa Rica y Puerto Rico.

Tienes una larga trayectoria adaptando clásicos, tu última propuesta es la versión de “Medea” junto a Lluís Pasqual. ¿Cómo es adaptar a dos manos y junto a un referente del teatro como Lluís y gran admirador de Lorca como tú? 

El teatro siempre es un nosotros. Y hay que darle tiempo a ese diálogo, a esa suma de imaginarios. Con Lluís el trabajo es largo, apasionado, hondo y riguroso. Nos entendemos bien en las diferencias, que es donde hay que saber entenderse. Ha sido una gran oportunidad de aprendizaje poder trabajar junto a un director con tanto teatro en su vida y tantísimo teatro por hacer. Además estoy feliz por haber trabajado por primera vez en catalán.

Acabas de publicar tu último texto “La geometría del trigo”. Sabemos que llevas meses ensayando y que por primera vez produces y diriges el proyecto tú mismo. ¿Cómo está siendo el proceso? ¿Cuándo podremos verlo en escena?

Tenía una primera versión de un texto que no acababa de encontrar buen puerto. Era quizá sencillamente correcto pero falto de arañazo, de lo que no se puede nombrar. La historia parte de un recuerdo de la juventud de mi madre en nuestro pueblo que ella quiso compartir. No sabía qué faltaba pero el recuerdo de mi madre me reclamaba fiel todos esos años. Y un buen día supe que la amistad y la admiración había traído a los actores que tenían que escribir conmigo esa historia. Llevamos un año de proceso con residencia en la Cuarta Pared. Es fantástico escribir dirigiendo o dirigir mientras se escribe… y además con estos actores (Consuelo Trujillo, Juan Vinuesa, José Troncoso Eva Rufo, Zaira Montes y José Bustos). Empezamos el proceso viajando a las minas de plomo de Linares y a Vilches, mi pueblo, donde transcurre parte de la historia. Espero que lo podamos ver en escena muy pronto. Ya quisiera yo recibir un Potosí de algún pariente desconocido y lejanísimo y poder armar mi compañía con ellos. Los quiero siempre cerca. Son grandísimos creadores todos.

Has comentando que “La geometría del trigo” parte de un borrador de hace más de cinco años. ¿Por qué ahora? ¿Tienes muchos textos guardados esperando su momento?

Como te he dicho porque encontré al equipo que podía llevarlo a escena y terminar conmigo aquello que yo sólo no debía ni podía. ¿Textos guardados? Creo que “Ushuaia” debe tener una nueva oportunidad. Y también “La melancolía de las jirafas” del que se han hecho dos lecturas dramatizadas. Publiqué hace unos años “La extraña muerte de una cupletista contada por su perro”. Pero ese texto, de lo mejor que he dado para el teatro si algo bueno he dado, sólo podrá estrenarse si un teatro público apuesta por él. Por el número de personajes y por la importancia de la música.

Las críticas que llegan sobre “Todas las noches de un día” hablan de amor, poesía y misterio. Háblanos un poco sobre este montaje. ¿Cuándo podremos verlo en la capital?

Estrenamos en marzo en el Teatro Cuyás y desde entonces la respuesta del público y de la crítica ha sido cálida e incluso entusiasta Estoy felicísimo y agradecido a Luis Luque por el tesón y cuidado que ha entregado para esta puesta en escena. Ha situado a los actores – Carmelo Gómez y Ana Torrent – en el centro de todo, que es el único modo en el que mi teatro adquiere verdad y fuerza. Además se ha rodeado de un equipo excepcional para generar el calambre y la atmósfera necesario para un texto que tiene algo de thriller, algo de melodrama y algo de tratado de botánica. Espero que no tardemos en verlo en Madrid.

“Cliff”, que ya pudimos ver en Madrid, se ha traducido recientemente al catalán y se ha representado en la Sala Tantarantana. ¿Qué te atrajo de la figura de Montgomery?

Escribí Cliff hace más de diez años aunque hace tres tuvo una reescritura profunda. Él fue un acantilado para sí mismo pero a la vez un hombre entregado a su oficio de actor. Tanta luz y oscuridad en un mismo cuerpo. Reconocí en sus fantasmas muchos de los propios. Ahí siguen algunos, otros atemperados por el tiempo. Si yo fuera el director de esta obra ahora mismo, acentuaría sus luces y la ironía del personaje.

También acabas de publicar “Los días de la nieve” con Ediciones Antígona, obra que ha arrasado en el Teatro del Barrio. ¿Crees que es necesario mirar atrás y recuperar figuras olvidadas como la de Josefina Manresa? ¿Qué otra personalidad te gustaría llevar a escena en un futuro?

Yo no creo que exista un teatro necesario aunque considere que un mundo sin teatro sería tremendamente horrible y muchísimo más pobre. Pero no creo en el teatro edificante. Creo en el teatro de la incertidumbre, que obedezca al misterio y a la poesía y no a propósitos concretos conducidos por sus autores o ejecutantes. Hay un teatro ahora que se reclama justiciero, moralmente impecable, y que maneja casi los resortes de la publicidad. Parecen decir “soy bueno para esto. Entra en mí, compra la entrada “. El teatro no es un parlamento, ni un pupitre, ni un juzgado, ni una iglesia. Yo no quiero entregar un mensaje a los espectadores, quiero propiciar un encuentro y arrojar allí en medio un fragmento de experiencia humana enclavijado en poesía y acción. Pero sí que el teatro puede y debe dar voz (esto es, permanencia) a los ausentes, a los olvidados de la Historia oficial, a los heterodoxos. He escrito hasta ahora sobre Clift, Rodríguez Rapún, Álvaro Retana y Josefina Manresa. Hace años que quiero escribir algo sobre Marlowe.

Fuiste el encargado de completar “Comedia sin título” de García Lorca. ¿Que sentiste cuando te encargaron el proyecto? ¿Lo veremos próximamente en escena?

Realmente no fue un encargo sino que Jaime de los Santos apoyó un proyecto que soñaba desde hace muchísimos años. La Comedia sin título siempre será una obra por terminar, yo no he pretendido clausurar esa potencia. Es una nueva escritura que parte y se imanta de otra. Para los amantes del escándalo, que lo llamen versión o como prefieran. Sí, lo veremos muy pronto en escena.

Has ayudado a Miguel Poveda con la dramaturgia de su gira “Enlorquecido”. ¿Cómo surge esta colaboración?

Creo que los que amamos a Lorca de este modo tarde o temprano nos acabamos encontrando. He escrito algunos de los textos que acompañan al disco y le he ayudado con algunos aspectos del concierto. Lo fundamental es su voz y el talento con el que ha musicado y cantado esos poemas.

Este año regresas al Festival de Mérida con “Electra”, un montaje de danza. ¿Ha sido complicado introducir la dramaturgia en la danza?

Sí, pero siempre tiene que haber una primera vez y llegó el momento. He tenido la suerte de trabajar con Antonio Ruz. Él sabía de mi pasión por Grecia y el flamenco, así que hemos confiado el uno en el otro. Hay que dejar la trama en el túetano y dejar el protagonismo narrativo a los cuerpos y a la danza. También los espectadores han de confiar en los sentidos y admitir que no siempre hay que entender todo desde la razón. Mi gran alegría es ser cantado (escribí las letras de las canciones además) por Sandra Carrasco.

Te encuentras inmerso en la reescritura de “El otro” de Miguel de Unamuno, del que has comentado que “está siendo de las cosas más difíciles que he hecho”. ¿A qué se debe esta dificultad?

Porque es un texto muy enclavijado en su época (segunda década del pasado siglo), con un lenguaje que se desliza hacia lo melodramático y grandilocuente (siempre desde nuestra mirada contemporánea), por su hondura simbólica y también la filosófica. Pero encontré la puerta de entrada y tenía muy claro qué quería juntar para servir tanto a Unamuno como a nuestro presente.

Viendo tu intenso ritmo de trabajo. ¿Cómo es el día a día de Alberto Conejero?

A veces coinciden en cartel proyectos que se han fraguado en distintos años y puede dar una impresión que creo es equivocada. Paso muchísimo tiempo dando clases (algo que me apasiona y que me hace crecer), leyendo, viendo todo el teatro que puedo…

Eres bastante activo en redes sociales. ¿Crees que pueden ser un nuevo camino para difundir el teatro?

Creo que es una herramienta que hemos de aprender a manejar aún, poniéndola en duda y dándole el lugar que merece. Yo no he llegado a entenderlas ni a entenderme en ellas pero, sí, es una buena ventana para mostrar y descubrir propuestas que quizá no tienen eco en los medios de difusión más tradicionales.

Sabemos que estás terminando de escribir tu segundo poemario tras “Si descubres un incendio” en el que hablabas de la fugacidad, el desamor y anhelo de permanencia. ¿Sobre qué profundizarás en este segundo poemario? ¿Cuándo podremos disfrutarlo y cuál será el título?

Siento este segundo poemario más libre en sus formas; lo que está ya escrito apenas tiene signos de puntuación, quizá me he liberado de cierta necesidad de mostrar un conocimiento de la forma y estoy ahora más en el tuétano. No sé cuándo lo terminaré. La poesía tiene sus propias disposiciones y mandamientos.

¿Qué le dirías a un joven dramaturgo que intenta llevar a escena sus textos y no lo consigue?

Yo terminé en la RESAD en el 2000. Estuve nueve años sin estrenar nada. Hice la tesis en el CSIC sobre el cancionero urbano de los griegos bajo administración otomana, me fui a Oxford luego como doctor contratado y allí me desesperé porque sentía que me estaba alejando de mi vocación. Escribí Cliff, tardó cuatro años en estrenarse y luego vino La piedra oscura… Hay que confiar, persistir, creer… y no perder la alegría. Sé que parece una obviedad pero la alegría es algo fundamental en el teatro. Yo no quiero ser infeliz, no creo en esas ideas del sacrificio, del sufrimiento. Ya se padece sin buscarlo ni quererlo. Quiero hacer teatro con personas a las que me dé alegría ver. Ya es muy complicado para añadirle esa patina de sufrimiento. Ahora estoy produciendo y dirigiendo un texto para que llegue a los escenarios. Y es un riesgo, claro. No sólo económico. Pero no sé hacer otra cosa. Así que sólo puedo intentar seguir haciéndolo porque me hace feliz.

¿Consideras que hay cierta endogamia en los grandes teatros (sobre todo públicos)?

Hay gente a la que le gusta y cree que tiene la capacidad para diagnosticar epidemias y milagros del teatro actual y en particular de los teatros públicos. A menudo lo hacen en las redes, que no creo que sea el mejor lugar para argumentar y dialogar. Cada teatro público es un mundo, cada institución tiene sus hallazgos y también sus errores porque las personas que tienen encomendada esas tarea son eso, personas, y por tanto no son infalibles y programar un teatro es algo dificilísimo, imagino. Yo pediría siempre un apoyo encendido para unas artes escénicas más plurales y diversas, que fuéramos capaces de romper de una santísima vez las lógicas binarias , que acudiéramos como espectadores al teatro que nosotros no sabemos o no podemos o no queremos hacer; que de una vez por todas las mujeres no lo tuvieran más difícil; que dejase de haber lenguajes centrales y otros periféricos; que el teatro de objetos, el teatro físico y la danza no sean nunca más las excepciones de la norma y sean norma y cifra; que se montasen muchos más autores contemporáneos porque sólo en los escenarios se aprende a hacer teatro y a escribir para el teatro; que nos lleváramos mejor con el no saber y conviviésemos mejor con el error (de los demás y los propios); que supiéramos perdonar el fracaso y perdonar los éxitos, porque son dos fantasmas que los otros convocan. A veces somos nuestros peores enemigos y mientras hay mucha gente ahí fuera, demasiada, a la que no le importa nada el teatro. Ojalá pudiéramos admitir finalmente que hay tantos teatros como necesidades de hacerlo. Se debe sufrir muchísimo creyéndose uno el custodio de las esencias del teatro. Qué cosa esa terrible la de ir por la vida con el recetario en la mano y colgando sambenitos. Todo es mucho más frágil y misterioso. Creo.

Alberto Conejero firmará ejemplares de “Los días de la nieve” y resto de su obra en la caseta 184 el 2 de junio de 19h a 21h.

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