Capullos que vuelan

capullos que vuelanEste viernes, día 19 de agosto, se estrena Capullos que vuelan en la madrileña sala AZarte, una comedia que supone el debut teatral de su autor y director Lluis Mosquera.

Pau vuelve a casa harto de buscarse la vida en el extranjero. A pesar ser un poeta intenso e insoportable con la cabeza en las nubes, intentará convencer a sus amigos de que no hace falta esperar a tener alas para empezar a volar. Capullos que vuelan cuenta la historia de cuatro jóvenes de una generación obligada a soñar sin hacer mucho ruido. Por el camino tendrán que aprender a que el grupo exista como tal, a valorar si lo que nos define son los sueños cumplidos o los que están por cumplir, y a equilibrar las relaciones entre ellos teniendo en cuenta su único punto en común: son jóvenes que han olvidado lo que son capaces de hacer si lo que les mueve es la actitud, el optimismo e incluso, el absurdo de sus ilusiones.

Capullos que vuelan cuenta con un joven reparto formado por Enrique Cervantes, María Part, Javier Martínez y Alba Fontecha.

Hechas las presentaciones, vamos a charlar con el autor y con los actores para adentrarnos en el capullismo y saber más sobre la propuesta que presentan.

LLUIS MOSQUERA

Inevitablemente, al ver el argumento de Capullos que vuelan, viene a la mente otras dramedias juveniles de éxito como Los miércoles no existen o Amores minúsculos. ¿Cuál piensas que es el secreto de este tipo de obras?
La frescura. sin duda. Yo creo que estamos en la mejor época para los creadores de los 80-90, hemos dejado de ser espectadores únicamente para convertirnos en protagonistas también de nuestras propias historias; tenemos muy claro qué contar y a quién contárselo, sabemos de qué medios disponemos y qué lenguaje utilizar y construimos historias en base a todo eso, siendo coherentes con nosotros mismos. Creamos historias humildes que no necesitan de una gran producción y en las que no se va a echar en falta la misma porque, lo más importante es que tenemos mucho que contar. Y lo contamos con lo que tenemos, que son, más que nada, ganas. Si lo que te mueve son las ganas de hacer que tu mensaje llegue a mucha gente, todo lo demás va solo.

Capullos que vuelan es tu primera obra como autor y director. ¿Cómo surge el proyecto y que tal la experiencia?
Se me planteó la posibilidad de presentar algún texto para programar en la Sala AZarte, y justo en ese momento estaba empezando a esbozar los personajes de una historia larga que contase lo mismo que el corto, pero con un carácter optimista y en clave de humor. La terminé corriendo, y lo maravilloso fue lo que pasó después; al juntar a todos los actores y equipo.
Todos somos, al final, como los personajes de la obra, y eso siempre ha sido lo más importante. Porque a pesar de lo difícil o arriesgado (o imposible en algunos casos) de sacar el proyecto adelante en un tiempo récord, sin un duro y con todas las incompatibilidades horarias del mundo, tenemos todos claro y al mismo nivel que queremos contar esta historia. Y eso es lo que tenemos en común, que somos unos capullos, sí, pero unos capullos con ganas.

Capullos que vuelan es mi primera obra larga como autor y director. Aunque ya había publicado con anterioridad y dirigido algunas piezas cortas, voy aprendiendo a medida que suceden las cosas. Cada día aprendo algo nuevo de alguien del equipo (que es un equipo de amigos) está siendo un proceso muy enriquecedor para todos, creo. Aunque a veces es también estresante, estoy encantado, y sobre todo me siento muy respaldado, tengo la suerte de tener a mi persona favorita del mundo y con quien mejor me entiendo como ayudante de dirección, ojalá pueda no parar de hacer esto durante muchos años.

ENRIQUE CERVANTES

Tu personaje, Pau, es un joven que aspira a convertirse en escritor y que después de unos años en el extranjero quiere volver a casa. ¿Qué le mueve a regresar?
A Pau le mueven principalmente dos cosas. Por una parte, darse cuenta de que la felicidad que él busca está más relacionada con los amigos que ha dejado atrás, realmente ellos son el apoyo que necesita para poder dedicarse por completo a la escritura. Por otra parte no es todo tan bonito como parece en su aventura en el extranjero. Hasta aquí puedo decir.

enrique cervantes

Has formado parte de esa gran escuela que es La Joven Compañía ¿Cómo ha sido la experiencia?
Mi estancia en La Joven Compañía ha sido, sin duda, una gran experiencia en la que he tenido la oportunidad aprender muchas cosas. Pero al pensar en escuela mi mayor referente es La Manada, allí fue donde recibí la parte más importante de mi formación como actor.

MARIA PART

La obra aborda temas con los que cualquier joven puede verse reflejado ¿Crees que el teatro debe ser un medio para plasmar lo que está ocurriendo y quizás reivindicar un cambio?
Hacemos teatro para contar vidas: vidas que quizás se alejen mucho de la tuya o, como en este caso, vidas que podrían ser una perfecta extensión de nosotros mismos. El público actual quiere sentir cosas cuando se sienta en una butaca, sea cual sea ese sentimiento: lo importante es que los actores sepan contar tan bien la vida de sus personajes que traspase la cuarta pared y llegue directo al esternón del espectador. ¿Es momento de reivindicaciones? Por supuesto: todos conocemos el temido 21% y las palizas que por ello se ha llevado nuestro querido Teatro, pero no por ello hay que dejar de luchar.

Además de actriz también eres poeta y has publicado tu propio libro “Castigo divino el de matarnos los domingos”.¿Sientes necesidad de crear ya sea escribiendo o dando vida a personajes?
Uy, ¡poeta! Poetas son Lorca, Machado, Pizarnik, Martí i Pol… Yo prefiero dejarlo en “persona inquieta que tenía tantas libretas llenas de textos que un día se decidió a ordenarlos en un libro”. Fuera bromas, estoy muy agradecida a Ediciones En Huida y a mi editor, Martín Lucía, por haber hecho que esas pequeñas historias en verso hayan llegado hasta… ¡Ecuador! Y volviendo a la pregunta, sí. No puedo parar, tengo tantas cosas en la cabeza dando vueltas todo el día que si no las canalizase mediante la escritura o el entrenamiento actoral me daría un parraque y/o sería insoportable aguantarme más de cinco minutos.

ALBA FONTECHA

Capullos que vuelan es la historia de un grupo de jóvenes obligados a soñar sin hacer mucho ruido. ¿Crees que es la generación que nos ha tocado vivir?
Creo que nos ha tocado una época de cambio donde los sueños son realizables, y requieren de toda nuestra creatividad y esfuerzo. No creo que ninguna generación lo haya tenido fácil. Hay pocas oportunidades sí, habrá que crearlas.

Hemos podido verte este año en “Dextrocardiaco” de Juan Arcones. ¿Te veremos de nuevo con este proyecto?

Sí, estuvimos en Nave 73, y tuvo una gran acogida por parte del público. A finales de año volveremos con Dextrocardiaco, aunque aún no podemos decir dónde.

alba fontecha

JAVIER MARTÍNEZ

El personaje de Pau llega a vuestras vidas para intentar cambiarla, ¿necesitamos alguien que nos empuje a luchar por nuestros sueños?
En mi opinión eso depende de la persona. Hay algunos que tienen un empuje propio suficiente que les lleva a perseguir sus sueños y otros que necesitan más ese empuje externo para empezar a volar.
Indudablemente, a mi parecer, el camino en busca de nuestros sueños es mucho más llevadero si alguien nos apoya en ese viaje.

Como actor, además de varias óperas y zarzuelas, llevas una estable carrera en el circuito off con montajes como Una vida perfecta, S. Paradise, Los miserables o Amores minúsculos. ¿Ha habido un cambio en este sector desde que empezaste hasta ahora?
La verdad es que he tenido la suerte de ir enlazando diferentes proyectos teatrales desde hace años. El teatro del circuito off sigue siendo un escaparate estupendo tanto para directores, guionistas, como para los actores. Considero que sigue en auge y la gente está muy interesada en este tipo de teatro, ya que muchas veces las obras tienen la misma o incluso mayor calidad que las del circuito clásico comercial. La pena es que, al igual que sigue teniendo éxito de convocatoria, las condiciones económicas o laborales siguen siendo muy complicadas. En definitiva, según mi propia experiencia, el teatro off es fantástico, pero por desgracia vivir solo de esto sigue siendo misión imposible.

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