Yogur – piano

Yogur-pianoEl sábado pasado, tras varios meses agotando localidades cada semana, tuvo lugar la última función de la temporada de Yogur -piano, representada en la Sala Labruc en el barrio de Malasaña con un éxito de público arrollador.

Era mucho lo que habíamos oído hablar a propósito de ésta obra y sobre todo mucho el misterio que rodeaba a la respuesta cuando preguntábamos el inevitable “¿Te ha gustado?” Por diversas razones que descubrimos al presenciar el espectáculo, nadie parecía dar una contestación lógica. La curiosidad va en aumento al no recibir respuestas contundentes, ni la recomendación más entusiasta, ni la crítica más feroz.

“Tienes que verlo, sentirlo, escucharlo, vivirlo” fueron algunas de las respuestas que recibimos durante los cuatro meses que el montaje ha estado en cartel. Algo que observamos, incluso, en la misma cola antes de entrar a la sala, abarrotada por un público de lo más heterogeneo; desde modernos (muy modernos) veinteañeros, hasta señoras de avanzadísima edad.

Desde el mismo momento en que cruzas las puertas del espacio escénico, descubres que lo que vas a vivir va a ser toda una experiencia. Yogur/piano no es una obra de teatro convencional. No cumple la estructura dramática clásica planteamiento-nudo-desenlace, o  desde luego, lo hace de la forma más experimental y osada que hayamos visto en mucho tiempo.

yogur pianoYogur/piano es, ante todo, una performance potentísima y muy personal, concebida para ir directa a alguna parte de nuestro cuerpo y de nuestro intelecto que aún no sabríamos concretar.

Consta el espectáculo, no obstante, de tres partes claramente diferenciadas: un primer bloque donde el físico de los actores y su capacidad de comunicación verbal son llevados casi al límite; una segunda en la que, sin bajar el ritmo pero sí la intensidad de la acción, el director plantea  una serie de preguntas y situaciones sobre el amor, el rechazo y los anhelos; y una tercera (que quizá sea la que responda al misterioso silencio recibido al preguntar a quienes ya habían vivido esta experiencia) que consigue provocar las más diversas reacciones entre el público.

Están estructuradas todas ellas en monólogos, o en diálogos cuya interlocución parece estar más en nuestra cabeza que en la respuesta de otro actor. Se percibe que Gon Ramos, director, ha pretendido que asistiendo a Yogur/piano contestemos por nosotros mismos a lo que allí se plantea, y a la vez, que deseemos interactuar y reaccionar a los estímulos recibidos por cada uno de los actores. De saltar, de bailar, de hacerles enmudecer, de secarles el sudor y de gritar con ellos, de mirarles en silencio a los ojos. Y sí, de acariciarles. De convertirlos, finalmente, en una especie de terapeutas involuntarios.

yogur pianoDecía el Maestro Arnold Taraborelli allá por el 1998, tras asistir a una función que usaba la conocidísima Che gelida manina de La Boheme para realzar el momento más dramático de la misma, que utilizar ese recurso no es del todo lícito, porque te estás aprovechando de la creación de otro autor para conseguir una emoción que tu libreto, tu dirección o tus actores no alcanzan. No es el caso de Yogur/piano. Si hay algo fantástico en ésta propuesta es el modo en que el precioso tema Fjögur píanó de Sigur Ros que da título a la obra, el desolador When i am laid in earth de Purcell, el encriptado texto, y sobre todo, el trabajo de los interpretes, se hallan integrados. El resultado es absolutamente unísono. Lo que ocurre está perfectamente conjuntado y engrasado. Lo que escuchas y ves resulta un todo desde el minuto uno.

Si bien es cierto que en ocasiones se abusa del consabido “o lo amas o lo odias”, esta podría ser una propuesta que se ajusta perfectamente a este baremo de medir. Es muy difícil que una pieza cómo esta deje indiferente al espectador. Por momentos es un delicado poema, por momentos una estridente apisonadora. De hecho fue muy interesante observar, en una parte muy concreta de la obra, cómo un chico decidió colocarse sus cascos ausentándose, mientras la mujer de al lado se dejaba llevar por la emoción inundando sus ojos de lágrimas.

El montaje es arriesgado y valiente cómo pocos, puede tocarte muy hondo o no llegar a rozarte la piel, sobrecogerte o dejarte helado, pero en cualquier caso, es innegable que resulta de una coherencia aplastante, desde el poderosísimo principio hasta el redondo no-final.

Quien quiera disfrutar de Yogur/piano ha de ir muy abierto a recibir, a sentir y a dejarse provocar, es la única manera de gozar éste chute en vena.

Forman la compañía cuyo nombre da título a la obra: Marta Matute, Nora Gehrig, Daniel Jumillas (estupendo y magnético actor) , Itziar cabello, Jos Ronda y Gon Ramos (también autor y director). Todos ellos realizan un magnífico, enérgico y agotador trabajo, cargado de fuerza y de sensibilidad. Creen ciegamente en lo que hacen, lo defienden con una entrega brutal y eso se agradece muchísimo.

Esta obra se ha representado en Espacio Labruc de marzo a junio de manera ininterrumpida, y volverá a ser programada en el mes de septiembre.

Por Mauricio Bautista

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