Dosmildieciocho

Por Mauricio Bautista

DosmildieciochoEl pasado miércoles asistimos al estreno de la nueva obra de Abel Zamora, aunque resulta más bien un paréntesis entre Pulveriza, recientemente representada en Nave 73, y su próximo trabajo, pues se trata de una creación colectiva surgida a raíz de un taller para actores profesionales que el director ha impartido en la céntrica Sala AZarte, mismo lugar donde se representa el montaje.

Dosmildieciocho transcurre durante la fiesta de fin de año de 2017, y narra una noche en la vida de unos seres cuyos odios, rencores, deseos y pequeñas miserias saldrán a la luz, literalmente. Sus frustraciones, las drogas, el alcohol y algún que otro elemento imposible de desvelar lo harán inevitable.

Esta propuesta ofrece muchos de los elementos que caracterizan al teatro de Abel y que lo dotan de un incuestionable sello propio: personajes muy bien dibujados, extremos, algo surrealistas y casi siempre al borde de la crispación. Definen la obra un gran manejo del tiempo – pese a contener un par de momentos en los que se echa de menos algo de energía que resta ritmo a la acción – y un texto divertidísimo, valiente y muy original donde no faltan esas mini ensoñaciones/coreografías que le son tan propias y que tan bien funcionaron ya en Yernos que aman y en Pequeños dramas sobre arena azul.

Hay situaciones especialmente brillantes y muy bien aprovechadas por parte de algunos actores, y no es tarea fácil, ya que el texto transita con enorme fluidez entre la comedia más canalla y el drama más violento. Dos de ellos son Teresa Ases y Carlos Luengo, un joven actor que ya nos sorprendió en Cara de fuego, montaje dirigido por Antonio Morales en la RESAD. Luengo sabe mirar con fuerza e intención, su presencia en el escenario y su seguridad no son habituales en alguien con tan poca experiencia y es justo destacarlo. Impagable también el monólogo de Elena Ramos, magníficamente escrito por Zamora y muy bien aprovechado por la actriz, sin duda uno de los momentos más hilarantes del espectáculo.

dosmildieciochoDecir que se trata de un proyecto surgido de una creación colectiva podría condicionar la percepción del espectador predispuesto a verla, y puede ser un handicap, pero estamos seguros de que Dosmildieciocho puede funcionar muy bien. Hay elementos de sobra para ello; un chispeante texto, una estupenda dirección, una muy cinematográfica y cuidada escenografía y un elenco de actores entregados. Es una lástima que algunas escenas se vean deslucidas por la propia limitación de la sala, y es que cuando la acción transcurre en el suelo, la visibilidad se hace algo complicada más allá de la fila tres.

En definitiva, estamos seguros de que Dosmildieciocho puede convertirse en una obra con muy buen recorrido dentro del Off madrileño, pues es divertidísima y cuenta con la garantía del “sello Zamora”.

El espectáculo se representa todos los miércoles de junio en la sala AZarte de Madrid a las 21:00h.

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