Jota Linares: “quiero debutar en cine con una producción donde al equipo se le pague por su trabajo”.

Es de Algodonales, sueña con debutar en cine con un largo, tiene un perro llamado Pumba y confiesa estar un pelín obsesionado con Marilyn Monroe; hablamos de Jota Linares.

Este joven gaditano se ha ido haciendo un nombre en el mundo del cortometraje con destacados trabajos como “Ratas”, “3,2 (Lo que hacen las novias)” o “Rubita”, aunque reconoce que le queda mucho por aprender.

Como contador de historias que es, el teatro tampoco se le ha resistido. Sus montajes tienen un común denominador: los sinsabores y las preocupaciones de una generación joven. Una dramaturgia que ahonda más en los conflictos de los personajes que en la trama, y una clara influencia cinematográfica atraviesan la obra de Jota.

En pocos días reestrena “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” en el Teatro Lara, una obra que confiesa le ha dado grandes alegrías. Charlamos con él sobre la vuelta de tuerca que ha dado a esta historia, sobre otros proyectos e inquietudes artísticas.

isla lara

Regresas al teatro recuperando “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”, ¿qué novedades trae esta versión?

Trae todas las sorpresas que puede traer un revival: nuevas situaciones, nuevas escenas, nuevos diálogos y, en nuestro caso, un nuevo final. Aunque no deja de ser la historia generacional que estrenamos en mayo de 2012 en el mítico Garaje Lumiére pero esta vez contada de otra manera, en ocasiones hasta desde un punto de vista diferente. Y claro, las mayores novedades son las incorporaciones de Juan Blanco, Abel Zamora y Beatriz Arjona al reparto, tres bestias pardas de la interpretación de los que me enamoré profesionalmente la primera vez que los vi. Está siendo un privilegio dirigirles y aprender de ellos, sus personajes tienen ahora muchos más claroscuros y ellos han aportado un toque diferente a esta historia de cuatro amigos que creen conocerse perfectamente pero cuya percepción de su micromundo cambia radicalmente en tan sólo veinticuatro horas.

¿Qué tiene de especial para ti este montaje?

Este montaje es la niña de mis ojos. Ha sido el principio de muchas cosas en mi vida: en 2006 fue mi primer corto, luego Paco Anaya y yo la adaptamos a cine en un guión de largometraje que estuvo a punto de rodarse en 2009, y finalmente acabó convertido en obra de teatro en 2012. Todavía recuerdo cómo el éxito de crítica y público nos pilló desprevenidos y cómo lo disfrutamos, era una gozada ver a la gente a la salida del teatro tan tocada emocionalmente, diciéndonos que a ellos les había pasado lo mismo, que se habían enamorado igual que tal o cual personaje o que le habían hecho daño de la misma manera. Los cuatro protagonistas –Celeste, Marcos, Marta y Eze- llevan conmigo casi diez años, es como si existieran realmente para mí.

Tienes un sello muy personal a la hora de escribir, ¿cómo definirías el teatro de Jota Linares?

Pues creo que esta pregunta la tendría que contestar alguien que no fuera yo. No tengo ni idea, sencillamente me limito a hacer las cosas de la mejor manera que sé. Si es cierto que me chiflan las historias de gente joven con problemas adultos, que la comedia me sale sola incluso en situaciones terribles y que casi todas mis historias comparten ciertos elementos comunes, pero creo que todavía tengo que aprender mucho, y currar mucho más para tener un estilo propio.

En “Lo esencial es invisible a los ojos” la crítica social y política era evidente, ¿piensas que los autores tienen una especie de “obligación” de manifestar la situación actual?

Sin duda. Todo lo que hacemos (cine, teatro, literatura) acaba sobreviviendo a cualquier persona y época, se queda como un reflejo del momento en que se ha hecho y de ahí se puede aprender. El arte es un arma poderosísima para cambiar el mundo, para remover tripas y para crear conciencias, tanto para bien como para mal (sólo hay que ver los documentales de Leni Riefenstahl para el III Reich, el arte supremo puesto al servicio del mal). Cada artista tiene la posibilidad de usar su talento para denunciar el momento en el que vive, que lo haga o no es tan lícito en un caso como en otro. Pero yo no puedo evitar sentir una simpatía especial por los que no se callan y gritan fuerte a través de sus historias.

 

Jota Linares con el equipo de "¿A quién te llevarías a una isla desierta?". Imagen: Marina Ruiz.

Jota Linares con el equipo de “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”. Imagen: Marina Ruiz.

Además del teatro, estás volcado en el mundo del corto. ¿Para cuándo el largo?

Yo vengo del cine, es el medio en el que más cómodo me encuentro y el que he ‘mamao’ desde pequeño, desde que mi madre me alquilaba películas en VHS en el videoclub ilegal de mi pueblo, Algodonales. Al largo le tengo unas ganas locas pero no es cuestión de que yo quiera, es cuestión de que me dejen hacerlo. Tengo muy clara una cosa y es que no voy a hacer una peli con cuatro duros, pagando mal o poco o nada, o mediante crowfunding. Yo quiero debutar con una producción normal, donde al equipo se le paga por su trabajo (que es muy duro, dedicado y absorbente) porque a veces, con todo lo que nos está cayendo, se nos olvida que esto es un trabajo del que dependen muchísimos profesionales y muchas familias. Pero por soñar que no quede, ya puestos me encantaría debutar en el largo con la versión cinematográfica de ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?’.

¿Has pensado en llevar a escena una simbiosis de ambas disciplinas? ¿Algo como teatro documental?

Bueno, realmente mis obras de teatro usan códigos cinematográficos, al representarse en el off te lo puedes permitir. Siempre les digo a mis actores que, cuanto más cerca tengan al público, más piensen que tienen una cámara de cine apuntando hacia ellos en primer plano. Imagino que, si tengo la suerte de pasar al teatro comercial en salas más convencionales, la cosa cambiará pero por ahora disfruto mucho usando elementos cinematográficos en mis obras de teatro.

¿Dónde encuentras la inspiración para tus historias?

Depende, pero generalmente lo único que tienes que hacer es sentarte y observar. La vida te da las armas para escribir desde la historia generacional de amigos de ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?’ hasta la epopeya más bestia de ciencia ficción. Lo tenemos todo a nuestro alrededor, desde la comedia al terror más costumbrista. Lo único que hay que hacer es saber mirar.

¿Qué autores y/o directores dentro del teatro son los que más te mueven?

Ahora mismo me apasionan Guillem Clua y Arturo Turón. Creo que son dos genios que encima me reafirman en que los más grandes suelen ser las mejores personas. De Guillem me encanta la manera en que usa los clichés y los tópicos en ‘Smiley’ para crear una comedia romántica de toda la vida que luce como nueva, parece que nunca la hayamos visto. Es maravilloso como usa la sencillez con tanta maestría. Y Arturo me deja temblando cada vez que veo ‘Confesiones a Alá’ (y van unas cuantas), es admirable la valentía de su montaje y la conexión que tiene con María Hervás que hace uno de los mejores trabajos de los últimos años en escena. Y Abel Zamora como dramaturgo me parece que tiene destellos de auténtico genio, ‘Pequeños dramas sobre arena azul’ y ‘Yernos que aman’ son obras únicas, no tienen comparación con ninguna otra. Como director, dirigir a Abel como actor es como si me hubiera pagado un curso intensivo de teatro, me fascina verle trabajar.

Jota Linares con Maggie Civantos en el rodaje de "Rubita". Imagen: Sergio Lardiez

Jota Linares con Maggie Civantos en el rodaje de “Rubita”. Imagen: Sergio Lardiez

Sabemos que eres seguidor de Marilyn Monroe, ¿habrá biopic de su figura en el teatro?

Eso espero y deseo. Yo no puedo adelantar mucho pero estoy intentando levantar algo muy complejo sobre la figura de Marilyn en teatro, le he propuesto hacerlo juntos a mi coguionista habitual, Paco Anaya, y tenemos a las dos actrices perfectas para ello: Natalia de Molina y Maggie Civantos, a las que adoro. Pero es complicado y tenemos que trabajar mucho, no es fácil un texto como el que pretendemos hacer.

Siguiendo con Monroe, ¿cómo llega a tu vida la rubia?

Pues precisamente gracias a Paco Anaya. Estudiábamos juntos en la facultad, yo tenía que hacer un viaje muy largo en bus y él me prestó una biografía de Marilyn porque se me había acabado la lectura. Devoré el libro y leí por primera vez cosas sobre ella que me fascinaron: era una mezcla entre víctima y depredadora, entre inocencia y perversión … y, sobre todo, era pura luz para actuar, aún en la peli más tonta no puedes apartar los ojos de ella. Desde entonces Marilyn se ha convertido casi en una obsesión, de una manera u otra aparece en todo lo que hago.

Te has declarado fan de “Magical girl”, la película de Carlos Vermut, con una trama compleja y muy elaborada, ¿crees que en el teatro son necesarias este tipo de historias?

Por supuesto, pero habría que adaptarlas. ‘Magical Girl’ es puro cine, la imagen te lo cuenta todo y eso en teatro no se podría hacer. Pero todo lo que implique complejidad y desafío para el espectador es bueno y, sobre todo, excitante.

Como director, ¿te gustaría adaptar o dirigir textos de otros autores? De ser así, ¿cuál te gustaría llevar a escena?

Claro que sí, pero me daría mucho respeto. Tengo que reconocer que mataría por adaptar algo de Tennessee Williams (me fascinan sus personajes femeninos) o hacer una adaptación moderna de ‘Las amistades peligrosas’. Pero por ahora nos conformamos con lanzar una pregunta al aire ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?’.

“¿A quién te llevarías a una isla desierta?” se estrena el 5 de abril y estará todos los domingos del mes a las 20:15h en el Teatro Lara.

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