“Un hombre con gafas de pasta”, imprescindible

un hombre

Un hombre con gafas de pasta” cuenta la historia de una cena, de una velada con amigos. Aina acaba de romper con su novio y se encuentra en un momento frágil, baja de moral. Óscar y Laia, una pareja de amigos intenta animarla organizando la mencionada cena a la que acuden con Marcos, un conocido que les tiene cautivados. Marcos es el hombre con gafas de pasta, un falso bohemio con pintas de snob moderno que por supuesto solo ve películas en versión original, escribe poesía, conoce cientos de lugares y se rodea de personas interesantes. En definitiva, es un completo idiota pedante.

Este el punto de partida de la obra, lo que viene después es una fascinante trama que muta de la comedia inicial al más puro misterio, e incluso terror, aunque no quisiera desvelar más de la cuenta, pues es ahí donde radica la brillantez de esta pieza. Jordi Casanovas firma un libreto extraordinariamente bien compuesto, con una pasmosa agilidad y unos giros dramáticos de esos que dan sentido al teatro. Un lenguaje que tan solo muestra grandilocuencias precisamente para mofarse de ellas, casi como un metalenguaje cómico. Casanovas se encarga también de la dirección y lo hace reforzando cada palabra de su libreto, creando unas potentes escenas en las que cada detalle suma, en las que mires donde mires encuentras el gesto perfecto, la posición precisa. Traza una línea ascendente en la que la tensión y el interés del respetable no solo no decae, sino que se revuelve en los asientos inquieto.

Lo que comienza como una sátira de esos personajes que “humildemente” se erigen a sí mismos en una peana intelectual desde la que ven la mediocridad ajena, se convierte en el continente de otros aspectos humanos de mayor fuerza y calado. Empiezan a florecer entonces la impertinencia disfrazada de sinceridad, la idolatría que esconde carencias de una vida convencional, el deseo de satisfacer a quien no lo merece, las amistades intoxicadas por una especie de superioridad emocional, la falsa evolución de una sociedad que señala con el dedo a aquellos que desconocen, que casi les niega el derecho a aprender. Pero sobre todo reina a lo largo del montaje la tiranía de la soberbia y la necedad, con el triunfo de la firme convicción. Todo ello con una narración que comienza trivial y divertida, y que va tornándose lóbrego.

Imagen de "Un hombre con gafas de pasta"

Imagen de “Un hombre con gafas de pasta”

Al hablar de las interpretaciones suele suceder que el que escribe teme caer en el exceso de halagos, con la dificultad a la hora de encontrar el adjetivo adecuado en la mayoría de ocasiones. José Luis Alcobendas está simplemente fantástico en la piel de ese “gafapasta” al que ridiculiza en algunos momentos y al que dota de una inquietante mirada. Inge Martín realiza un trabajo de matices con una grata evolución, impecable entre la fragilidad y el convencimiento. Olga Rodríguez y Markos Martín dan vida a los personajes más maleables y lo hacen con gran acierto y compenetración. Ella está especialmente convincente en la seguridad derrumbada; él se adentra en un arco de transformación brillante de manipulación.

La unión de este impecable reparto, un texto inteligentemente elaborado, una dirección eficaz y un ritmo vertiginoso hacen que “Un hombre con gafas de pasta” resulte redonda en todos los sentidos.

Puedes disfrutar de este montaje en el Teatro Lara todos los lunes de marzo a las 20h.

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