Vuelve “Trinidad”

Cartel de "Trinidad"

Cartel de “Trinidad”

La casa de la portera recupera en su última temporada “Trinidad”, de Ana Fernández Valbuena. inspirada en “Okey” de Isaac Chocrón.

Trinidad” aborda, como no podía ser menos, la historia de tres personajes, de tres mujeres. Son los inicios de la década de los sesenta en una ciudad española. Son tiempos difíciles para Sole, una costurera en horas bajas y Trini, antigua oficiala de ésta. Pero aunque la economía apriete, Sole y Trini se aman, se tienen una a la otra, sueñan juntas, viven juntas, aunque para ello hayan tenido que recurrir a la adopción de la más joven por parte de la modista. Todo cuanto tienen es un piso pequeño y una gran ventana desde la que ven la vida, encerradas. Este lugar común, este escondite, se desploma con la llegada de Ángela, una adinerada viuda con intenciones que van más allá de quitarse el luto. Así, y tras un acuerdo de mujeres, pasan a ser tres en lugar de dos, forman una auténtica trinidad.

Ana F. Valbuena ha escrito un libreto de una calidad emocional brillante. Las palabras, colocadas milimétricamente para punzar, para herir, para enternecer y contener al público, no están elegidas al azar. Con esto nos referimos además, al viaje en el tiempo en el léxico del texto. Valbuena desarrolla tres personajes muy bien definidos en sus conflictos e intereses, en su trayectoria y anhelos, nada falta ni cojea en la creación de estas tres mujeres.

“Trinidad” aborda con elegancia las dificultades de otras opciones sexuales en tiempos de represión que el que escribe ha tenido la fortuna de conocer solo en los libros de historia.  Un pasado bastante cercano en el que, como apostillan estas mujeres, todo ocurre de puertas para adentro, que los de afuera ya hablan lo suficiente. Pero además, viene a ponernos en la cara cuán poco hemos avanzado a la hora de entender nuevas formas de amor. ¿O es que quizá el ser humano no puede hacerlo?

Una imagen de "Trinidad"

Una imagen de “Trinidad”

Pero no solo ahonda en estas cuestiones, también pone de manifiesto la educación católica de toda una generación, y más estrictamente en el caso de las mujeres. Poderosa resulta la imagen del fin del luto, como una liberación de lastres arrastrados durante décadas, de sometimiento y obediencia, para dar lugar a una nueva manera de vivir. También se refleja en “Trinidad” la pertenencia a diferentes clases sociales y el salto de unas a otras sirviéndose de una nueva generación salvaje y libre, aunque como algo dura resulta la certeza de que casi siempre, y como siempre, son los poderosos los que resultan vencedores.

Nacho Sevilla se pone al frente de la dirección, y lo hace con delicadez, con poesía. Ha creado con las actrices unas escenas memorables, dando a cada una los pasos precisos de la coreografía, como un tango que pareciera enmarañado pero en el que cada pierna y movimiento tienen su tiempo estipulado. El uso de la música y la radio meten al espectador en un tren dirección a los sesenta, gran acierto estos bellos recursos.

La interpretación es sencillamente perfecta. Tres talentosas actrices dan vida a estos personajes tan opuestos. Lorena Toré realiza un estupendo trabajo de evolución, marcando en su personaje el paso del tiempo y de una vida en la que sacrifica lo que amaba. Cristina Bernal hace gala de manejar diferentes matices, mostrándose tímida al comienzo y realizando un gran ejercicio de liberación y toma de control. Aunque ambas están más que sobresalientes, la gran sorpresa viene de la mano de Marta Guerras, la benjamina del grupo. Además de su enorme belleza, esta joven da muestras de una enorme calidad interpretativa, es fiera y sus grandes ojos claros atraviesan aunque no hable. Su carisma hace que el respetable esté a punto de levantarse del asiento y se una a la pelea que las otras mujeres libran por ella. Auguramos un futuro de trabajo para esta actriz.

Trinidad” es lo que cualquier amante del teatro anda buscando: una buena dramaturgia con la elección perfecta del reparto y bajo la batuta de un correcto director. Puede verse este mes de febrero los domingos a las 20h. en La casa de la portera.

 

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