Luciérnagas

Cartel de "Luciérnagas"

Cartel de “Luciérnagas”

Si hay un montaje aclamado tanto por la acogida del público como por críticos dentro del circuito off en los últimos años, es “En construcción”. Un texto de Carolina Román y  Nelson Dante dirigido por Tristán Ulloa, nominado a los Premios Max como mejor director el pasado año. Tras este acercamiento entre el Teatro del Arte y Román, el equipo del madrileño espacio escénico propone a la argentina que escriba una obra específicamente para ellos. Así nace “Luciérnagas”, título que hoy ocupa nuestra crítica.

Luciérnagas” narra la historia de Alex y Julio, dos hermanos huérfanos que sobreviven en un pueblo tras la muerte de sus padres. Alex es discapacitado, se queda en casa mientras Julio sale a trabajar para un matrimonio vecino, quienes además, están a punto de abrir un hostal. Atraída por el anuncio en el que se piden trabajadores llega Lucía, un torbellino que da la vuelta al calcetín de las vidas de estos dos hermanos.

Hechas las presentaciones argumentales, metámonos de lleno en aspectos menos formales. Cabe destacar que “Luciérnagas” es una de esas obras que se disfrutan (al menos al que escribe) durante la función; sin embargo, según pasan los días, la complejidad de su texto viene a la cabeza recurrentemente descubriéndonos nuevas aristas que pasamos por alto desde la butaca.

Román firma un libreto cuajado de escenas tiernas y duras cuya partida termina casi en tablas. Como ocurre en otras ficciones en las que un personaje tiene discapacidad intelectual, podría haber cometido el error de convertir a éste en víctima de su entorno y estar atravesado por una dramaturgia pastelosa y edulcorada. Nada que ver, pues aunque la naturaleza de Alex sea importante en el desarrollo de la trama, resulta un elemento más en la ejecución de la misma.

Fede Rey y Jaime Reynolds en una imagen de "Luciérnagas".

Fede Rey y Jaime Reynolds en una imagen de “Luciérnagas”.

Con un ritmo pausado cuando ha de serlo, y más picado en los momentos que lo requiere (como ocurre en la misma vida), el texto es de una belleza y poesía de esas que se dan muy de cuando en cuando. Las raíces de su autora se entrevén en su escritura, un teatro “muy argentino“, de personajes más que de recorridos argumentales. Supone una fotografía de varios instantes en la vida de tres personas y las relaciones que se propician entre ellas.

Se ahonda además en la idea que da nombre a la obra, esas luciérnagas metáfora de la dualidad del ser humano, mitad insecto oscuro, mitad luz. Claroscuros que dotan de veracidad a Julio, Alex y Lucía y cuya escasez de maniqueísmo se agradece enormemente.

Impregnan la propuesta otras cuestiones trascendentes como la familia (la impuesta, la creada y la casual e inconsciente), la huida para sobrevivir, el miedo al amor, la renuncia a éste, los deberes morales, la dependencia emocional, el egoísmo e incluso las relaciones de sometimiento con quienes tienen nuestro sustento en sus manos. Un compendio homogéneo que funciona a la perfección y contado muy de a poco, bajo la superficie.

A la estructura formal no se le pueden sacar peros; los personajes tienen un arco de transformación elaborado. La aparición de Lucía a modo de detonante es perfecta, más aún, viene a ser un excelente trabajo de búsqueda de objetivos, mostrándola ansiosa de aire y convirtiéndose inconscientemente en dadora del mismo. El giro dramático también es apropiado e idóneo en el momento en que se da.

El reparto de "Luciérnagas" junto a Carolina Román, su autora y directora.

El reparto de “Luciérnagas” junto a Carolina Román, su autora y directora.

Conforman el reparto Fede Rey, Jaime Reynolds y Aixa Villagrán. De los dos primeros podemos afirmar que ambos realizan su mejor trabajo interpretativo hasta la fecha (habiendo visto casi todos). Fede Rey tenía la difícil tarea de meterse en la piel de una persona con discapacidad intelectual, saliendo más que airoso del reto. Lo cierto es que el público se enternece con él y se lo lleva de calle. Jaime Reynolds, menos cómico y más recto que otras veces, crece como actor llevándose a Julio a su terreno y consiguiendo que el respetable se ponga en su piel. Aixa Villagrán está sensacional en la piel de uno de esos personajes agradecidos a cuyo servicio ha puesto todo su talento, su vis cómica y su magnetismo.

No me gustaría concluir esta crítica sin hacer una mención especial a la escenografía (Alexandra Alonso) y a la iluminación (Luis Perdiguero), que además de llamar la atención por su belleza, forman una conjunción perfecta con lo que se está contando.

“Luciérnagas” viene a poner de manifiesto el talento de una joven dramaturga, creadora de una historia de silencios que hablan, de palabras que son como silencios y de perros que aúllan solitarios en los callejones. No os la podéis perder.

Puede verse en Teatro del Arte los sábados y domingos a las 19:30h.

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