¿A quién te llevarías a una isla desierta?

Cartel de "¿A quién te llevarías a una isla desierta?".

Cartel de “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”.

Me chiflan las historias de gente joven con problemas adultos“, así intentaba Jota Linares definir su estilo en la entrevista que le hacíamos hace unos días con motivo del estreno de “¿A quién te llevarías a una isla desierta?”. Y es que esa frase bien podría ser un resumen de esta obra que ya se representó en el 2012 en Garaje Lumiere.

Quizá por el azar, o tal vez por el destino, en aquélla ocasión no tuvimos la suerte de verla, aunque no por ello fuimos ajenos a las voces que entonces se hacían eco de lo potente de la historia de estos cuatro personajes, y de su éxito. Así, después de algo más de dos años, al fin hemos podido disfrutar y viajar a esta isla a la que teníamos echada el ojo.

“¿A quién te llevarías a una isla desierta?” narra el último día que pasan cuatro jóvenes en el piso compartido en el que han convivido durante ocho intensos años. Veinticuatro horas en las que los momentos vividos, el temor a una vida lejos de todo ello, y algún que otro secreto, se dan codazos por no quedarse entre esas cuatro paredes.

Este podría ser el argumento de un programa de mano en el que no se pretende dar demasiada información sobre lo que va a acontecer en adelante, pues lo que cala de este montaje va mucho más allá de la trama de sus personajes.

Jota Linares (también director), y Paco Anaya han plasmado la realidad de varias generaciones a las que la vida real les (o nos) ha pillado por sorpresa. Siempre he pensado que aquello de “el público se sentirá identificado con los personajes” se ha usado en demasía por parte de quienes tienen que vender el espectáculo, y por supuesto, de la mano de muchos críticos. Sinceramente, como espectador, he sentido que hablaban de mí en muy pocas ocasiones. Vengo a poner de manifiesto con esta reflexión, que me sentí un compañero de piso más de Celeste, Eze, Marta o Marcos.

El texto de Linares y Anaya se centra más en diseccionar el alma de sus isleños que en la narración de grandilocuentes acontecimientos, y es ahí donde reside el éxito una vez más, en la sencillez de las palabras y la complejidad de los sentimientos. Despliega un mapamundi de ilusiones que un día se erigían firmes, de sueños caducos de los que la realidad te despierta y te niegas a abrir el ojo pidiendo cinco minutos más. Con buen ritmo nos adentra en los claroscuros de estos cuatro personajes a través de escenas con tintes cinematográficas, con saltos temporales que el espectador vive como recuerdos propios.

El reparto de "¿A quién te llevarías a una isla desierta?" en una escena de la obra.

El reparto de “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” en una escena de la obra.

Pero no olvidemos que es teatro, y como tal, los recursos dramáticos y giros argumentales están muy presentes. Resultan muy acertados los momentos cómicos que tensan la cuerda de un subtexto que se va desenterrando poco a poco a medida que los secretos comienzan a hacer su aparición estelar. De nuevo el amor y el desamor vuelven a ser el motor de todo lo demás, y en este aspecto están muy bien trazados los límites para que no resulte éste el gran protagonista.

Cabe destacar el trabajo de interpretación del reparto. Que María Hervás (quien alterna con Beatriz Arjona en el papel de Marta) es una fiera de las tablas lo ha demostrado sobradamente de un tiempo a esta parte, y más en concreto en la aclamada “Confesiones a Alá“. De nuevo vuelve a dar muestras de su talento en la piel de un personaje más alejado de su Jbara, y también más cotidiana. Maggie Civantos está sencillamente encantadora, y es que no se puede dotar de más carisma a un personaje que como lo hace la “rubita”. Atención a esta generación de actrices que vienen pisando fuerte. El sector masculino también está brillantemente representado por Juan Blanco, quien se convierte en catalizador y explosivo a partes iguales en un estupendo ejercicio de contención. Abel Zamora (de quien ya os hemos hablado en su faceta como autor y director) parece haber nacido para interpretar a bohemios atormentados de ojos brillantes y palabras dulces. Da gusto la naturalidad con la que hace todo y lo tremendamente creíble que resulta.

En resumen, “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” es una pieza fundamental para conocer la obra de Jota Linares, una propuesta cuyo objetivo es fotografiar la vida en pequeños instantes de unos personajes muy reales, sin pretensiones de inculcar o dar a conocer un ideario político y/o moral. Neo costumbrismo fresco con personalidades elaboradas que hicieron que viéramos emocionarse a gran parte del respetable.

Puede verse en Nave 73 todos los sábados de enero a las 22:30h.

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