Las niñas no deberían jugar al fútbol

ninasTras su estreno a finales de 2013 en La Trastienda Teatro donde consiguió un gran éxito de crítica y público “Las niñas no deberían jugar al fútbol” salta a la Sala Negra de los Teatros del Canal.

La obra transcurre en la sala de espera de la UCI de un hospital, donde tres personas muy diferentes esperan noticias sobre sus familiares, quienes acaban de sufrir un accidente de tráfico. La madre de una niña de doce años, la hija de un hombre de cincuenta y seis, y el novio de una chica de veintinueve, no se explican qué hacían sus respectivos parientes en el mismo coche, ya que al parecer ninguno de ellos conoce al resto de pasajeros. Esta incertidumbre unida a los nervios propios de la situación harán que las más escabrosas elucubraciones no tarden en aflorar.

Hasta aquí un argumento que parece sacado de un thriller, y en cierto modo, al menos en el envoltorio, podríamos clasificar esta historia dentro de dicho género. Pero el texto de Marta Buchaca va más allá, ahondando principalmente en las relaciones familiares, en concreto las de los padres con sus hijos. Con maestría aborda la tendencia del ser humano por el prejuicio más salvaje, quizá inconsciente, a lo mejor infundado por un mundo en el que nuestros ojos no se asombran ante todo tipo de brutalidades. Una biopsia de lo más profundo de la personalidad, de la forma en que lo que somos está marcado por lo que nuestros progenitores han hecho, o no. Pero también las consecuencias que se derivan de la culpa tienen cabida en la hora y media de función, la expiación personal de quienes que hacen lo que saben, lo que pueden.

Del reparto puede decirse que es inefable. Uno no puede dejar de admirar las increíbles dotes interpretativas de Marta Calvó, soberbia en el papel de una insoportable madre, poniendo a su disposición todo un arsenal de matices. Calvó pasa de la ironía al drama en cuestión de segundos, capaz de conmover al público y al minuto hacer que la odien. Resulta una loca divertida al mismo tiempo que una odiosa señora chapada a la antigua que no duda en levantar su dedo acusador a la mínima que tiene oportunidad. Destaca también la joven actriz Katia Klein, cuya principal virtud en la obra es un gran ejercicio de contención, obteniendo en todo momento un resultado más que creíble. Por su parte, Daniel Gallardo está muy acertado, ingenuo e inquietante a partes iguales.

En resumidas cuentas, “Las niñas no deberían jugar al fútbol” es un texto brillante con ritmo vertiginoso, de esos que inevitablemente llevan a un final inesperado, y como tal, el espectador se devana los sesos buscando respuestas. Todo ello en una atmósfera tensa y violenta en la que los giros argumentales no dejan de sucederse.

Disfruta de este brillante montaje en los Teatros del Canal hasta el 1 de noviembre.

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