Liturgia de un asesinato

liturgiaEl Teatro Galileo acoge esta historia de Verónica Fernández (Premio GOYA a Mejor Guión por “El BOLA”) con dirección de Antonio C. Guijosa que se estrenó en enero en la sala Kubik Fabrik. La obra nos transporta a la España de 1968. El gobernador civil de Guadalajara aparece colgado del techo en una finca a las afueras de la ciudad. Todo a simple vista indica que ha sido un suicidio. Sus tres hijos habían sido convocados a ese lugar unos días antes por el propio gobernador. En las dependencias de la comisaría, el inspector Requejo encuentra evidencias de que ha sido un asesinato y los hijos pasan a ser los primeros sospechosos de la muerte de Juan Paterna. Un thriller que nos recuerda a las historias de Agatha Christie y que protagonizan Marian ArahuetesMon CeballosFael García y Rodrigo Sáenz de Heredia.

La historia se adentra de lleno en uno de los grandes temas que a lo largo de la historia ha abordado el teatro: la familia. Lo hace a través de un retrato de una de esas familias en la que sus miembros están corrompidos por la hipocresía y por intereses que van más allá del amor fraternal. Individuos aparentemente unidos por una pérdida,  una relación idílica entre hermanos que el espectador va desdibujando a medida que rasca en el interior de cada uno de ellos, dejando aflorar sus miserias, sus mentiras y secretos mejor guardados.

Sobrevuela también la crítica al poder que tenían, tienen, y seguirán teniendo las familias de alta alcurnia, una sombra que va más allá de lo que a priori se puede pensar. Un azote a esos niños caprichosos que juegan con la vida ajena cuando se aburren, porque saben que están por encima de todo castigo, que se creen merecedores, casi por haber nacido, de impunidad absoluta.

El que escribe nota también la ausencia del eje central que mueve y coloca cada pieza de una familia, la figura materna. Esa pieza perdida que hace que nunca más el puzzle vuelva a ser el mismo. Una figura que con su inexistencia deja a merced de sabe quién a unos miembros mutilados que no pueden si no seguir el camino más fácil. Dicho esto, cabe destacar también la presencia de la herencia de padres a hijos, cómo influyen los primeros en las decisiones y en el devenir de los segundos.

El reparto está más que correcto, dejando al espectador pegado a la butaca con interpretaciones que a través de pequeñas miradas, minúsculos gestos, permiten descubrir el interior de unos personajes enfermos, envenenados cada uno a su modo. Unos protagonistas que sufren y se ahogan en una familia rota en un guion cargado de giros que harán caer las teorías del espectador hasta su inesperado desenlace.

No dejes escapar esta brillante obra en el Teatro Galileo hasta el 19 de octubre jueves y viernes a las 20:30, sábado a las 20h. y domingo a las 19h.

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