Como si pasara un tren

comoNo nos cansamos de contaros las alegrías que está dándonos el auge del teatro off que está viviendo la capital y estamos descubriendo propuestas en las que talento y calidad se dan la mano. Es el caso de “Como si pasara un tren“, uno de esos montajes destinados a convertirse en éxito (muy merecido) como consecuencia del llamado boca a boca.

Como si pasara un tren” cuenta la historia de Susana, una mujer de mediana edad, y Juan Ignacio, su hijo, quien tiene un retraso por el cual se comporta como un niño. Susana no ha tenido una vida fácil desde que el padre de Juan les abandonara. Su pequeño mundo en una ciudad de provincias se ve alterado cuando la hermana de la mujer manda a Valeria, su hija adolescente, a pasar una temporada con ellos porque ha descubierto un porro en su mochila. Para bien o para mal, la joven romperá el aparente equilibrio entre madre e hijo.

Este es el argumento de la obra, abarcable en un solo párrafo y con una trama sencilla. Es ahí, en la simplicidad de esta historia donde reside el encanto. Lorena Romanín escribe un libreto que huye de los grandes giros dramáticos, centrándose en las relaciones personales, en las conversaciones cotidianas, en los pequeños conflictos de los personajes. Un tipo de narración propio del teatro argentino, nacionalidad de esta autora cuyo trabajo en el terreno audiovisual ha podido verse en festivales internacionales.

El texto rezuma naturalidad y humanidad en cada escena. Como espectador se agradece el poder sentirse identificado con lo que acontece en la sala (un falso tópico muy repetido para acercar el teatro al respetable), y no solamente por asociación de vivencias personales, sino por lo tangible de los comportamientos de los personajes. “Como si pasara un tren” es casi un ejercicio de voyeurismo, como si durante una hora y cuarto uno se colara en la casa de esta familia y observara el devenir de la vida de sus integrantes.

Además del retrato humano, Romanín se adentra de lleno en el entramado que suponen las relaciones familiares en las que, pese a las rencillas y mentiras, prevalece una unión invisible en la que unos se apoyan sobre otros, casi como piedras de un milenario acueducto. Supone también un espejo triste de una realidad amarga; la de los cobardes que dan la espalda frente a dificultades. Asimismo, se aborda la sobreprotección de  los padres con respecto a los hijos con discapacidad psíquica y de la carencia de autonomía de estos. Y lo hace desde el análisis del miedo, sin maniqueismos ni lecciones morales, sin intentos de adoctrinamiento.

A la fuerza de un cuidado texto se une la exquisita dirección de Adriana Roffi, responsable de algunas bellas y enternecedoras imágenes (atentos a la pequeña ventana). Una labor de dirección muy centrada en el trabajo actoral, en que cada gesto se perciba, cada mirada posea una relevancia.

El trío de actores de esta historia está en estado de gracia. Marina Salas posee fuerza y verdad a partes iguales, uno no puede sino admirar la calidad interpretativa de esta joven cuyo carisma recuerda por momentos a la mismísima Candela Peña.  Del buen hacer de María Morales poco puede decirse a estas alturas, es sobradamente conocido que está a nivel de las grandes de este país, y como no podía ser de otra manera vuelve a dar muestras de ello. Carlos Guerrero no se acobarda ante sus dos compañeras, sino que se crece con ellas dando vida a un personaje al que trata con mucho respeto y del que podía haber pecado de sobreactuado.

“Como si pasara un tren” es, en resumidas cuenta, una de esas obras de teatro que resultan deliciosas, una dramedia con grandes interpretaciones en la que todos sus componentes encajan haciendo que el tiempo vuele, como la vida.

Puede verse en el Teatro Lara hasta el 13 de octubre los lunes a las 20h.

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