Yernos que aman

Cartel de "Yernos que aman"

Cartel de “Yernos que aman”

Que estamos en la época dorada del teatro off madrileño, al menos desde el punto de vista del auge de salas y nuevos espectáculos, es una realidad. Inevitablemente este boom trae consigo una mayor cantidad de producción de obras que se parecen mucho entre sí, sobre todo en el terreno de la comedia. Es por esto, por lo que de vez en cuando, es un inmenso placer para el espectador teatral encontrarse a un autor y director con una impronta personalísima que impregne sus trabajos de una pátina secreta de la que solamente él sabe la fórmula; hablamos, en este caso, de Abel Zamora.

Ya pudimos ver por dónde iban los tiros de este dramatugo catalán en “Pequeños dramas sobre arena azul“, y sobre todo su estilo a la hora de crear personajes y dirigirlos, su imaginario de mundos en los que realidad, fantasía y fábula se mezclan en una homogeneidad teatral que resulta tremendamente actual. Quizá en “Yernos que aman“, la propuesta que nos ocupa hoy, Zamora da un paso más en cuanto a madurez creativa, así que vamos a crititicar un poco esta dramedia familiar.

Siempre que hacemos una crítica, solemos poner unas líneas con el argumento de la obra, por aquello de situar al lector. En esta ocasión, y aunque pudiera parecer que somos comodones, vamos a hacer un poco de copy-paste y pondremos la sinopsis oficial. Así, nos aseguramos de no destrozar algún factor sorpresa de esos que los miembros del equipo no quieren que sepamos nada hasta ir a verla. Así, ellos dicen que “es la historia de un desorden. Es un cuento gris de amores de ciudad. Es una familia con secretos enquistados. Es una madre que se fue y ha vuelto. Unas hijas que avanzan escondiendo todo debajo de la alfombra. Una casa de tuberías antiguas. Unas criaturas imaginarias. Un duelo de singstar con una canción de Roser. Un beso (o muchos), porque Yernos que aman es una fabula de amor y maternidad en la que se mezclan un montón de encuentros y desencuentros entre gente con la misma sangre, pero con diferente corazón”.

 

Imagen promocional de "Yernos que aman"

Imagen promocional de “Yernos que aman”

Abel Zamora ha escrito un texto que destaca por su crudeza disfrazada de comedia. Ha elaborado un catálogo de personajes perdidos que deambulan sin rumbo por un espacio que cada vez es más casa y menos hogar, pero sobre todo, se ha adentrado en el mundo de la familia. Una de tantas familias enlazadas por tóxicas relaciones que se sostienen con conversaciones perfectamente frívolas, y que estallan a la mínima que se rasca un poco en la superficie. Una familia que, pese a la toxicidad, y como pasa casi siempre, se tienen unos a otros, inconsciente y certeramente. Una visión casi perversa del universo familiar en el que Zamora se erige cocinero de esas reiteradas habas.

Todo ello bajo el prisma del propio autor que hace las veces de director, otorgando, más aún si cabe, al montaje global de un metalenguaje y atmósfera surrealista y amarga. Una dirección que aporta más que resta, aunque en algunos momentos se roce el histrionismo, suponemos que debido a la escasez de funciones representadas. Este tipo de propuestas merecen una segunda visión pasado un tiempo de interiorización por parte del reparto. En este aspecto, cabe destacar lo acertado que resulta la inclusión de elementos audiovisuales como parte del puzzle que conforman la vida de los personajes.

Aunque el eje principal sea la familia, el cuadro de “Yernos que aman” va dibujándose por pinceladas de otros aspectos del ser humano como el miedo al compromiso, la ausencia de sentimientos ante hechos trágicos, la maldita herencia padres e hijos, los traumas impuestos, etc. En definitiva una amalgama de lugares comunes por los que todos transmitimos que se nos ponen delante como espejo de una desagradable y mitificada evolución.

Imagen promocional de "Yernos que aman"

Imagen promocional de “Yernos que aman”

Conforman el excelente reparto el propio Abel Zamora, Marta Belenguer, Juan Caballero, Manolo Caro, Mamen García, Emilio Gavira, María Maroto, David Matarín, Mentxu Romero y Ramon Villegas. Todos ellos sobresalientes en diferentes momentos de la historia, por lo que estamos seguros de que nos perdonarán que hagamos una mención especial al impresionante trabajo de Mamen García en el papel de la matriarca de esta familia. Esta actriz de demostradísimas tablas no solamente consigue que el espectador ría y se emocione con ella, sino que lo lleva por un viaje maravilloso y crudo por la vida de esas mujeres acostumbradas a callar y a tragarse las lágrimas con la almohoda como única compañía. De esas mujeres sin derecho a sentir y con obligación de sonreír, y que pese a todo ello, son el pilar fundamental en la existencia de sus egoístas hijos.

“Yernos que aman” resulta un tragicomedia, un melodrama fascinante en el que lo absurdo esconde sentimientos avinagrados, sin destilar. Una obra de constumbrismo contemporáneo que viene a poner de manifiesto que vienen autores y talentos por descubrir cuyo imaginario, indiscutiblemente, dará que hablar.

Puede verse en La pensión de las pulgas los lunes y martes a las 22h y los miércoles a las 20:30h.

Anuncios