“El huerto de guindos”, la decadencia de un siglo

Cartel de "El huerto de guindos"

Cartel de “El huerto de guindos”

Dicen algunos que es bueno revisar el pasado para avanzar en el presente, e incluso en el futuro. Más allá de la “frase hecha” que supone esta premisa, de vez en cuando es importante pasearse por los clásicos del teatro, por esos grandes autores que tuvieron a bien dejarnos sus palabras por escrito.

Lo malo es que hay veces en las que ese acto de echar la vista atrás puede resultar algo amargo, pues los grandes temas que ocupaban entonces, hoy siguen preocupando.  Ésto, o un similar, es lo que debió pensar Raúl Tejón al recuperar el texto de “El jardín de los cerezos” de Antón Chéjov. Tejón se ha encargado de versionar y dirigir esta adaptación para La casa de la portera bajo el nombre de “El huerto de guindos“.

Es complicado elegir por qué aspecto empezar cuando se hace una crítica de una obra de estas dimensiones, como difícil habrá supuesto contar esta historia en un espacio tan característico como es La casa de la portera. En este punto, destacamos la sobrecogedora experiencia que supone el uso, y sobre todo el sentido, que se le ha otorgado al espacio. Dos salas íntimas que encierran los fantasmas, ilusiones y miedos de la familia que lo habita. Y precisamente como un fantasma agarrado a sus muros se encuentra el público, que observa ese ballet de personajes casi como si éstos le susurrasen sus secretos al oído. Por supuesto, y como hemos comentado en anteriores críticas, uno de los puntos fuertes de esta sala es la cercanía, oír respirar al actor, leer lo que dicen sus ojos, sentir sus latidos.  Ésto, en “El huerto de guindos” se palpa sobremanera.

Uno se confiesa un completo ignorante en lo que a la obra de Chéjov se refiere, así que la crítica que me ocupa estará libre de comparaciones o referencias a otros textos del autor. Bendito tiempo en el que no saber algo se tornaba en la ventaja de aprenderlo. El llamado postureo del nuevo siglo también se ha llevado eso. Lo que sí puede apreciarse es la sutileza con la que el texto trata a sus personajes, pasando por alto las grandilocuencias, parándose en el análisis de los pequeños detalles que conforman la vida. Este conjunto de vidas son el eje central, convirtiéndose éstos en la propia trama. Un análisis del ser humano desde una perspectiva espectadora.

Nacho Fresneda y Carles Francino en un momento de la función.

Nacho Fresneda y Carles Francino en un momento de la función.

El huerto de guindos” cuenta la historia de una familia poderosa que en horas bajas ve como están a punto de perder la última propiedad que les queda, la finca poseedora de su huerto. Es aquí donde nos damos de bruces con la involución de la humanidad, pues nos vemos igual que en 1904, año en el que la obra fue escrita. La misma línea que divide a los de arriba y a los de abajo, aunque éstos crean que pasarán a ser parte de los primeros, y éstos con la decadencia de los segundos al cuello. Los problemas de unos y las minucias de otros, la lapidación de fortunas por manirotas señoras que juegan a guardar las apariencias.

De un reparto más que sobresaliente destacan las soberbias interpretaciones de Nacho Fresneda, es un gusto sentir el trabajo de este maravilloso actor desde tan cerca. Carles Francino está magistral en el papel de Pedro, vehículo a través del cual se deja ver la poesía de las palabras del texto, la profunda reflexión atemporal y casi libre de doctrina que lleva impregnada consigo el aprendizaje de la función. Germán Torres pone los momentos más cómicos con una exquisitez propia de los grandes actores, mientras que Sabrina Praga y Bárbara Santa – Cruz que prometen dar que hablar en un futuro próximo. No podemos olvidarnos, además del resto del reparto, de la figura de Fer, bellamente interpretado por el actor Felipe G. Vélez, y en cuya presencia recae la ternura y el último aliento de la función.

“El huerto de Guindos” está destinada a ser uno de los montajes con el nombre propio de La casa de la portera, y como tal, no podemos si no aconsejar su imprescindible disfrute.

Puede verse  durante el mes de marzo los viernes a las 20h. y los sábados y domingos a las 18h y a las 21h.

Intérpretes: Consuelo Trujillo, Carles Francino, Nacho Fresneda, Germán Torres, David González, Sabrina Praga, Alicia González, Barbara Santa-Cruz y Felipe G. Vélez.

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