El rey en Pompa

Cartel de "El rey en pompa"

Cartel de “El rey en pompa”

Siempre es un gusto acudir a Microteatro por dinero y toparse con una pieza que en quince minutos te haga reír, te llegue y consiga dejarte con ganas de más, tres requisitos que debería cumplir toda obra de teatro. En el caso de estas obras de corta duración, esta premisa se complica más, aún si cabe, y es ahí cuando se nota que la pluma de un buen escritor está detrás de la dramaturgia. Es el caso de “El rey en pompa“, la nueva propuesta de Marcelo Soto y cuyo sello está grabado a fuego en cada uno de los segundos, en cada una de las palabras.

“El rey en pompa” es una tragicomedia histórica en la que el respetable tiene el honor de asistir a la noche de bodas entre Francisco de Asís de Borbón, apodado con el sobrenombre de Paquita, y la reina Isabel II, celebrada el 10 de octubre de 1846 en el Palacio de la Moncloa. La historia gira en torno a la consumación del matrimonio, de la que han de dar fe un nutrido grupo de nobles, quienes serán testigos de la primera noche de una pareja de primos cuyas vidas sexuales caminan por senderos muy diferentes. La fama de ambos, ella de haber probado a todos los hombres de la corte, y él de haber catado casi a los mismos, les preceden, por lo que pronto empieza el conflicto entre unos novios condenados al fracaso, condenados a entenderse.

Marcelo Soto firma un texto mordaz e irónico con un fino sentido del humor que maquilla los miedos de unos complicados personajes. Llama la atención como en tan breve espacio de tiempo, y en lo que a priori parece una comedia ligera, van tocándose como las teclas de un piano, otros sinsabores inherentes al ser humano. El autor me explicaba que ha intentado reflejar, a través de los ojos de Francisco de Asís, lo que en su día Paco Vidarte denominó Síndrome Olímpico Gay, que vino a definirlo como el comportamiento que algunos homosexuales tienen para ocultar el sufrimiento padecido por el acoso social, ante el cual reaccionan buscando la excelencia en algún o varios aspectos de la vida. Así, “La Paquita” de esta historia, cargado de ambición y con mofas y burlas a sus espaldas, no puede si no convertirse en un perfecto tirano más reina que su propia mujer.

Isabel II y Francisco de Asís

Isabel II y Francisco de Asís

El que vaya a ver esta obra que no piense que se encontrará con un cómico tira y afloja entre dos surrealistas personajes, pues además de eso, encontrará drama y dureza. Un giro de 180 grados hacia la mitad de función hace que la historia se torne más gris, más dura, y viene de la mano de las imposiciones familiares y morales, de las puñaladas por la espalda de la nobleza, del clero, de la familia. Poco a poco, la reina va ganando en protagonismo, aunque paradójicamente se vaya haciendo pequeñita.

La interpretación de estos dos actores es brillante, adjetivo que uno se ve obligado a usar ante la complejidad de sus personajes y la narración de su historia. Joseán Moreno tiene una vis cómica innata y borda la parte inicial, sorprendiendo con un cambio de registro en el mencionado giro dramático. Por su parte, Amalia Hornero hace un despliegue de saber interpretativo, mostrando una evolución preciosa de su particular Isabel, con sus ojos pasa de ser una niña que juega a ser reina a ser una reina que no quiere serlo.

Si quince minutos dan para escribir todo esto, es sin duda, porque merece ser vista. Así que ya sabéis, no dudéis en ver la joya de la corona del mes de febrero en Microteatro por dinero de lunes a domingo.

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