Tres sombreros de copa

Cartel de "Tres sombreros de copa"

Cartel de “Tres sombreros de copa”

Estamos seguros de que si Miguel Mihura fuera inmortal y viviese para ver esta versión de “Tres sombreros de copa“, se quedaría con la adaptación que ha hecho la compañía 300 Pistolas por encima de todas las demás.

Álvaro Morte y sus chicos, al frente de la compañía, se han especializado en dar una pátina de vida a grandes clásicos del teatro, dotándolos de nuevos matices e investigando en profundidad las raíces y orígenes de estos textos. Una retrospectiva al pasado para, paradójicamente, acercarlos al presente con aires renovados.

En este punto, el propio Morte (autor, director y protagonista de esta versión) apunta que le llamó la atención una época de la vida de Mihura en la que se rodeó de artistas de varieté gracias a su temprana relación con la compañía “Alady”, liderada por el músico y bailarín de charlestón Bobby Curry. El exotismo de esta compañía que fascinó al dramaturgo y su interés por los cómicos de principios del s.XX como los hermanos Marx, sirvieron de inspiración para que en el verano de 1932 escribiera “Tres sombreros de copa”, la que supuso su primera comedia.

Centrándose en estos aspectos, la compañía encargada del montaje que nos ocupa, ha levantado una adaptación de ritmo frenético y de gran agilidad, manteniendo el humor ácido y sarcástico del libreto original. La gran baza de este espectáculo es las influencias de los grandes cómicos del cine mudo, pues a ratos, pareciera que estamos ante “El Circo” de Chaplin. Y precisamente tintes del mundo circense son los que, junto a juegos de sombras, imposibles movimientos y aires de los años veinte, hacen que el espectador no deje de apreciar preciosas imágenes visuales, casi como fotografías en sepia de antiguas vedettes.

Sara Gómez en "Tres sombreros de copa"

Sara Gómez en “Tres sombreros de copa”

Cabe destacar el excelente trabajo de Blanca Clemente a cargo del vestuario y la escenografía, así como la impresionante labor de Fredeswinda Gijón, a cargo de la coreografía y movimiento, difícil reto de juegos corporales que sitúan al espectador a la perfección en el imaginario que se ha querido crear y que provoca esa admiración colectiva.

En cuanto al reparto, decir que es sobresaliente sonaría pedante, pero es que no se puede poner ninguna objeción. Admirable el sentido del escenario que posee Álvaro Morte, quien domina la comedia de manera pasmosa, encarnando al cómico bobo y torpón que se encuentra en una encrucijada casi como si llevara toda una vida haciéndolo. Brillan con luz propia Sara Gómez, encargada de esos momentos cómicos que generan una inmensa ternura hacia su personaje, y Esteban Jiménez en su papel de gran humorista venido a menos que arranca carcajadas con sus chascarrillos y saltitos.

En definitiva, y como así lo han deseado, los chicos de 300 Pistolas han conseguido crear el espectáculo que le hubiera encantado al gran cómico que fue Miguel Mihura.

Puede verse en Nave 73 todos los sábados y domingos a las 20h, y también, si quieres, puedes comprar tu entrada desde aquí.

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