Beso, verdad y atrevimiento, da igual el orden.

Cartel de "Beso, Verdad, Atrevimiento"

Cartel de “Beso, Verdad, Atrevimiento”

Nunca el título de una obra de teatro había resumido tan bien el contenido de su historia, de una relación: “Veso, Berdad, atrevimiento”. Tranquilos todos aquéllos “talifanes” de la ortografía, no hemos cometido semejante despropósito con la “b” y la “v”, el título de la obra es así, quizá para hacerla, si cabe, un poco más rarita.

Y decimos rarita porque lo es, pero no se lleven a engaño, rara pero deliciosa. En este aspecto cabe destacar que “Veso, Berdad, Atrevimiento” es un claro ejemplo de que pueden hacerse obras más alternativas, quizá sacadas de una mente poco habitual, pero exquisitas en su ejecución.

Empecemos por la sala. La Nave 73 es un amplio y agradable espacio que conjuga elementos y muebles acogedores, con unos suelos y paredes de cemento frío. Es ahí donde radica el encanto que proporciona este espacio a la historia, un lugar abierto en el que todo ocurre en escena.

Te recibe un escenario que te hace pensar en qué será lo que estás a punto de presenciar. Una gran tela con instrucciones “estilo Ikea” acerca de cómo construir una casa, una vida. Un retrete y elementos de cartón que harán las veces de silla. Todo ello con una sencilla pero cuidada iluminación que juega un papel vital en el desarrollo de esta singular historia, en las fases de este juego que acompañan a las relaciones: Beso, verdad y atrevimiento.

Fredeswinda Gijón y Roberto Correcher en "Veso, Berdad, Atrevimiento"

Fredeswinda Gijón y Roberto Correcher en “Veso, Berdad, Atrevimiento”

Ana es un hombre, David es una mujer, ambos son pareja. Primera rareza del argumento. Este cambio de sexo, del que ninguno de ellos habla, servirá como metáfora de la historia de una de esas relaciones que crecen en torno a una gran mentira. De eso trata esta obra, de las relaciones, de dejarse llevar por la comodidad, quizá por el cariño. De las cosas que no se dicen, de las que se dicen y no son de verdad, de las que se dicen por decir, de lo vulgar que puede ser París. Una gran metáfora contada a través de metáforas e imágenes pequeñitas de situaciones cotidianas, límites, que nos resultan familiares a todos.

Roberto Correcher es Ana, una entregada esposa que sueña una vida y termina construyendo otra que no existe, una vida de burros volando. Correcher está brillante, creíble. Hacemos hincapié en esta palabra porque cuando un hombre interpreta a una mujer es muy fácil caer en la parodia y los gestos fáciles. Correcher es un hombre, un hombre interpretando a una mujer, y lo sabe, por eso lo hace tan bien.

Fredeswinda Gijón, con quien ya pudimos disfrutar en Clímax!, es una gran actriz de teatro, pues se lo come. Bajo ese cuerpo pequeño su versatilidad crece hasta límites insospechados. Igual que ocurre con su compañero, Fredeswinda no se deja llevar por imitar a un hombre, por poner su voz. Hace que David cobre vida propia analizando el interior de un determinado comportamiento masculino, aunque por fuera sea otra cosa. Impresionante el trabajo corporal de ambos.

Equipo artístico de "Veso, Berdad, Atrevimiento"

Equipo artístico de “Veso, Berdad, Atrevimiento”

Con un papel más pequeño, Javier Bodalo encarna un personaje del que poco podemos decir sin desvelar una parte fundamental de la historia. Un papel más cómico que la pareja protagonista que, mediante sutiles imágenes pondrá las cosas en su sitio.

Borja Rodríguez escribe y dirige un texto de una sensibilidad extraordinaria, trazando una crítica a esas convencionales relaciones que viven cada vez más atrapadas en sí mismas.

“Veso, Berdad, Atrevimiento” puede verse en Nave 73 los miércoles y jueves de junio a las 20:30h. ¡No se la pierdan!

Anuncios