“Hermanas”, teatro casi cinematográfico

Cartel de "Hermanas"

Cartel de “Hermanas”

Ayer Madrid se vestía de fiesta para celebrar la fiesta de su patrón, San Isidro. Y mientras unos iban a la pradera a disfrutar de la tregua que dio la lluvia, otros, algo más locos para la mayoría, fuimos al teatro a ver uno de los éxitos de la temporada: “Hermanas“.

Pese a que lleva ya algún tiempo en la cartelera madrileña, no habíamos tenido ocasión de ver esta obra que se representa en el Teatro Maravillas, y ¡qué pena no haberos hablado antes de ella!

“Hermanas” cuenta la historia de una familia que acaba de perder al padre. Una madre, tres hermanas, y el hijo y el novio de una de ellas que afrontan la pérdida de diferentes maneras, y en la que los secretos no tardarán en salir a la superficie, eso sí, siempre con un excelente sentido del humor.

El reparto junto a Carol López. Imagen: Teatro Maravillas

El reparto junto a Carol López. Imagen: Teatro Maravillas

La obra es un canto al amor de la familia, pero llevado a cabo de una manera poco convencional, y aunque la palabra suene manida, es original. La dramaturgia es cómica, muy cómica en ocasiones, y dramática a la vez. Una simbiosis perfecta entre fina comicidad,  drama poco empalagoso, música perfecta y grandes interpretaciones, muy grandes, pero de eso hablaremos más adelante.

La puesta en escena es cinematográfica, desde el inicio, con créditos incluidos, hasta el final. Flashbacks y cámaras lentas introducen al espectador, aunque no lo crean, en una película, solo que no hay cortes, pues recuerden que estamos en el teatro, donde la magia del directo  nos deja sin aliento. Los momentos musicales, bien integrados y sin caer en esa absurda moda de meter canciones “con calzador” hacen que la sorpresa inhunde el patio de butacas. Carol López dirige un excelente trabajo actoral en forma casi de danza, bailes que fluyen a través de un único espacio.

Amparo Larrañaga, Marina San José y María Pujalte. Imagen: Teatro Maravillas

Amparo Larrañaga, Marina San José y María Pujalte. Imagen: Teatro Maravillas

La muerte y la vida son los dos motores que impulsan “Hermanas”, o quizá ambas sean lo mismo. Tratar la muerte desde la vida, es decir, lo que se deja atrás, cómo reaccionan tus seres queridos, cómo se apoyan. Pero aunque este sea el eje central, esta historia aborda y ahonda en otros temas como las herencias (económicas y de otro tipo), la infidelidad, el miedo a la soledad, las primeras veces, las últimas oportunidades, etc.

En cuanto al reparto qué decir, soberbio en su conjunto. Amparo Larrañaga, la hermana mayor de este trío, interpreta a una mujer aparentemente fuerte y amarga, pero irónicamente es la que más carcajadas despierta. Amparo, cada día más parecida a su padre, despliega un amplio abanico de recursos, haciendo que el respetable pase de la risa al llanto, casi con la misma facilidad que ella.

María Pujalte, la mediana, interpreta uno de esos personajes al que todos quieren. Quizá sea el punto de equilibrio en esta peculiar familia. En cuanto al trabajo de interpretación, María demuestra sus tablas,

Marina San José, la díscola hermana pequeña, a la que solamente habíamos visto en “Venecia bajo la nieve”, sorprende una vez más con un gran trabajo. Marina transpira esa inocencia y dulzura que hace imposible mirarla sin enternecerse.

Pero no olvidemos al resto del reparto, tan imprescindible en una obra coral como esta. Amparo Fernández, perfecta en la piel de esa madre aficionada al Martini, atención a su “je ne regrette rien”. Chisco Amado y Adrián Lamana, por su parte, están más que correctos en sus papeles de novio e hijo de Irene (María Pujalte).

Una obra sobre la unidad familiar que nos pone ante los ojos, a golpe de humor, que en tiempos difíciles lo importante que es tener a alguien dispuesto a tenderte una mano sin condiciones.

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