¿Y si no se muere nunca?

Cartel de "Mitad y mitad"

Cartel de “Mitad y mitad”

El domingo pasado, además de ver los Goya, nos dio tiempo a ir al Teatro La Latina a disfrutar de “Mitad y mitad“, la obra que representan Fernando Tejero y Pepón Nieto en el madrileño teatro.

La historia es la siguiente: Carlos y Juan (Pepón y Tejero), son dos hermanos muy diferentes que se reúnen en casa de su madre ante la cercana muerte de ésta. Carlos vive con ella en el piso de sus abuelos,  la ha cuidado y ha sacrificado su vida social por ella. Juan, sin embargo, ha volado del nido y solo ha visto a su madre para comer algún domingo. Pero tienen algo en común, y es que ambos están deseando que la “vieja” muera.

Entre un escenario que emula un antiguo piso, estos dos actores fluyen y nos cuentan, a golpe de carcajada, la historia de esta familia, pero sobre todo la historia de su madre. Ambos demuestran su calidad como actores y hacen reír al personal casi con cada frase, y es que la comedia es el medio en el que se mueven con una facilidad asombrosa.

Pepón Nieto hace uno de esos papeles que tan bien se le dan, el de un cuarentón algo bobalicón que en el fondo tiene unas intenciones no tan inocentes como hace creer, y vaya si le coges cariño al Carlitos de Pepón.

Fernando Tejero  interpreta de forma sublime al típico caradura y embaucador capaz de engañar a su propia familia con tal de de mantenerse a salvo. Tejero ha demostrado con creces su versatilidad en los diferentes medios en los que se mueve. Es capaz de bordar un papel dramático o hacernos reír cada semana en la televisión, pero es sin duda en el teatro donde podemos ver al cordobés en estado puro.

Imagen promocional de "Mitad y mitad". Fuente: Teatro La Latina

Imagen promocional de “Mitad y mitad”. Fuente: Teatro La Latina

El texto, de Jordi Sánchez (el famoso pescadero de La que se avecina) y Pep Anton Gómez, dirigido por este último, va más allá de la comedia facilona. Aunque el respetable ríe a carcajadas y casi sin interrupción, “Mitad y mitad” aborda un tema harto común como son las disputas familiares por la herencia. Además la obra invita a una reflexión sobre otro tipo de herencia, la herencia afectiva de padres a hijos y esa obligación social, o quizá moral, de ocultar que a veces la muerte es lo mejor que nos puede pasar. Todo ello sin pasar por alto otros temas controvertidos como el cuidado de las personas dependientes, la responsabilidad de los hijos o la ruina de quienes invirtieron en épocas de bonanza.

“Mitad y mitad” es, en definitiva, lo que necesita la gente, reírse durante hora y media de un agónico mundo que se desmorona fuera del teatro.

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