“Desnudando a los clásicos”: la metamorfosis del teatro en experiencia.

Cartel de "Desnudando a los clásicos"

Cartel de “Desnudando a los clásicos”

El pasado domingo tuvimos la mágica experiencia de vivir uno de los singulares “Actos íntimos” de Santi Senso, en concreto “Desnudando a los clásicos“, en una de nuestras salas preferidas: Garaje Lumiere.

La primera premisa para disfrutar de este espectáculo es olvidarse de la palabra teatro, pues aunque es lo que a priori parece, ya que es una sala de teatro, con actores y con un guión, estamos ante una experiencia. Esto son los “Actos íntimos“, experiencias en mayúsculas.

Lo segundo que hay que tener en cuenta es la apertura de mente, así que si eres un poco estrecho de miras, o simplemente lo que te gusta es el teatro convencional, no es tu espectáculo. “Desnudando los clásicos” no se ve, se vive. Se siente, se toca, se palpa y te lleva, vaya si te lleva.

Una vez advertido te contamos lo que vivirás si tomas la acertada decisión de acudir a este acto.

Bajo la aparente sencillez de un actor (Santi Senso), una actriz (Inés Blanco) y una chelista (Cary Rosa) desnudos, se esconden grandes textos de clásicos como Dante, Zorrilla o Shakespeare, algunos censurados en la época. Sus cuerpos desnudos, aunque vestidos de una gran verdad, van rasgando las vestiduras de enormes autores que el teatro se ha empeñado en cubrir con un halo rancio.

Imagen promocional de "Desnudando a los clásicos"

Imagen promocional de “Desnudando a los clásicos”

“Desnudando a los clásicos” es violento, tierno, compasivo, voraz, inteligente, bobo, contradictorio, cabal. Es pacífico, guerrero, crítico, banal. Es todo y nada, es como dicen ellos, un pacto de sangre sin sangre. Es la ruptura de esa maldita cuarta pared entre público y actor, entre escenario y butaca, ¿por qué negarnos siempre a aceptar que somos actores de nuestra propia existencia?

En este acto tan íntimo como desnudo, lo que menos importa es que se vean o no unos cuerpos sin ropa. Lo que importa es lo abiertos que tengas los ojos, lo dispuesto que estés a escuchar y las ganas que tengas de recordar esa canción que te hace llorar, o reír.

Santi ha cambiado el significado de las palabras, para dotarlas de sensibilidad y sobre todo, de arte. Nunca más diremos “showman” o “excentricidad” de la manera que lo hacíamos, pues ya no significan lo mismo, ahora son mejores.

A veces el arte necesita que alguien saque los pies del tiesto, lo desdibuje y nos ponga delante de los ojos que hay otra manera de hacer las cosas. Y el mundo necesita esta clase de artistas.

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