Yepeto, amor y literatura

Cartel de Yepeto

Cartel de Yepeto

Como ya os comentamos hace unos días, teníamos muchas ganas de volver a ver Yepeto, un maravilloso texto del autor argentino Roberto Cossa, que en esta ocasión ha sido llevado a escena, en una versión bastante actual, por Juan Vinuesa y Chema del Barco. Por eso decidimos ir a verla a Garaje Lumiere en la fría tarde del sábado para deleitarnos con esta obra que ya nos enamoró en 2008.

La historia tiene tres protagonistas, Cecilia, su novio y el viejo profesor. Aunque en escena nunca llegamos a ver a la chica es la base sobre la que gira la obra, pues el joven acude a casa del profesor para mantener una converación, ya que piensa que su novia se ha enamorado de éste.

Carlos Olalla en Yepeto

Carlos Olalla en Yepeto

Con este telón de fondo se van desarrollando una serie de encuentros entre los dos personajes en los que la rivalidad inicial se convierte en una estrecha relación que va pasando desde la admiración, el respeto, los celos, el cariño o las inseguridades de la edad, pero con un nexo común: conseguir a la misteriosa Cecilia.

En esta magistral adaptación, con referencias a la literatura española y universal, se perfilan a la perfección las ventajas y los miedos que se derivan de la edad, avanzada en un caso y escasa en el otro. El profesor, soberbiamente interpretado por Carlos Olalla, sabe que puede impresionar a su alumna mediante la poesía, a través de su experiencia y su sublime uso de las palabras, pero sabe que carece de algo que Cecilia admira de su novio (Gonzalo Grillo), la juventud, un cuerpo firme, que hace a éste poderoso.

Gonzalo Grillo en Yepeto

Gonzalo Grillo en Yepeto

Un juego que se desarrolla en el piso del profesor y que termina por romper las barreras generacionales, pues más allá de la sabiduría de uno y la bravura del otro, se encuentra el amor por una mujer, nadando en un terreno en el que nada está al alcance de ninguno, ni siquiera de la literatura.

Se ha querido llevar a cabo una escenografía que nos permite disfrutar de una forma íntima y recogida de esta bonita historia consiguiendo que fluyan sensaciones muy de cerca y llegando a conquistar el corazón del espectador. Precioso detalle cuando al terminar la obra encontramos una preciosa estampa dedicada a Cecilia, atención al salir.

Lo cierto es que esta historia es de las que demuestran que una buena obra lo es porque posee un gran texto.

Hay que agradecer a Chema y a Juan, y a Garaje Lumiere, su valentía por subir a un escenario historias que van más allá y nos hacen reflexionar en tiempos tan difíciles para el teatro.

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