Chapero, algo más que sexo

cartel Chapero

Cartel de la obra

Nos acercamos a la sala Azarte en una tarde fría de domingo para disfrutar de Chapero, tras colgar el cartel de localidades agotadas la noche anterior en su estreno.

Nada más entrar, mientras nos vamos sentando, nos encontramos a los personajes ya en escena, dos chicos y una chica, cada uno metido en su rol. Comienza la función con una magnífica interpretación de madre e hijo en la que se reflejan los problemas familiares que empujan a los protagonistas a un punto de desesperación y frustración en sus vidas. El chico ahogado por un ambiente familiar busca una salida en el sexo con desconocidos, mientras que la madre interpretada por Irene Calabuig es la típica ama de casa que se encuentra sola, su marido no la hace ni caso y la relación con su hijo está condenada a no entenderse nunca.

Nuestro desconocido está interpretado por Marcos Castro que mantiene un encuentro sexual con Nico, papel que interpreta Salvador Bosch. Los dos actores demuestran tablas y mucha valentía para afrontar de manera natural una relación sexual explícita, ya que ambos tienen desnudos integrales. Y es que los desnudos son necesarios en esta obra para meter completamente al público en la trama y no huir del pudor, pues si hablamos de practicar sexo no sería lógico que los personajes fueran vestidos. Además, el espectador debe ver normal este tipo de escenas si la obra lo necesita.

Celebramos que el autor, Antonio Jesús González, se haya atrevido a subir a las tablas un tema tan polémico como la prostitución masculina, rara vez puesta en escena. En nuestra humilde opinión, creemos que la historia podría haber dado más juego e ir más allá en la trama. Aunque cualquier persona podrá disfrutar de una historia que a raíz del sexo habla de la soledad, el miedo a la vejez, los problemas generacionales o la mentira como forma de vida, el morbo de practicar sexo con un desconocido y el encuentro sexual en el que se establece una complicidad con la otra persona.

No nos olvidamos de la brillante dirección de Pedro Casas que ha sabido desarrollar los personajes en la escena mostrando una realidad que llega al espectador. La escenografía compuesta por una cama y algún atrezzo más, es suficiente para recrear el lugar donde se producirán estos encuentros y desencuentros de los personajes. Ahora solo falta que vayáis a Azarte todos los sábados a las 21 h. y domingos a las 19 h. hasta el 2 de diciembre para disfrutar del espectáculo.

Anuncios