Mamá, quiero ser Concha Velasco

concha velasco

Cartel de la obra

Con este pensamiento nos quedamos ayer después de ver el espectáculo Concha, yo lo que quiero es bailar. Y es que después de ver a la maravillosa actriz cantar, bailar y actuar, todos queríamos ser Concha Velasco.

Con la convicción de que no nos iba a decepcionar,  y después de haberla visto no hace mucho en La vida por delante, nos presentamos en el teatro La Latina dispuestos a dejarnos encandilar por esta mujer de 72 años.

En un escenario vacío, en el que solo había sitio para un taburete negro, apareció ella con unas tupidas medias negras que daban fe de que la Velasco sigue conservando sus piernas de infarto, una blusa blanca que dejaba ver lo justo y unos tacones rojos que parecían elevarla a lo más alto.

Empezó algo floja y acelerada, casi como si recitara de memoria, lo que se nos hacía raro por el hecho de estar contando su propia vida. Más tarde nos enteramos que se debía al afán por evitar la tos de un resfriado, ya ven, las diosas también se ponen enfermas.

Concha fue creciéndose y creyéndose a sí misma, y entre canciones de sus películas como Las chicas de la Cruz Roja, otras compuestas exclusivamente para este espectáculo, y alguna de conocidos musicales como A Chorus Line, la actriz desgranó los más de 50 años que ha dedicado al mundo de los escenarios.

Penas, pero sobre todo alegrías, son lo que abundan en su narración. Bajo la batuta de José María Pou y con texto de Juan Carlos Rubio, la Velasco habla de las mujeres que ha interpretado, recita versos de grandes autores, cuenta cómo no ganó el Goya, y por qué no decirlo, pone calientes a los señores de las primeras filas, muy finamente, eso sí, que es una señora.

Una gran tarde con una de las grandes, que durante dos horas, y a ritmo de ye-ye hace que el mundo fuera del teatro parezca menos malo.

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